Deutsche Welle (Latinoamérica), 1.03.2021

Primero fue incredulidad, luego incertidumbre y miedo. Un año de emociones extremas en un contexto de confinamiento y distanciamiento social. Qué mejor escenario para que un líder carismático se aproveche de la vulnerabilidad de una persona, la aleje de sus seres queridos y la controle en una secta.

«La pandemia ha generado una situación de altos niveles de ansiedad, incertidumbre y crisis a múltiples niveles, no solo económico sino también personal. Este contexto es propicio para que las sectas se expandan y diversifiquen sus actividades”, dice a DW Miguel Perlado, especialista en sectas y supervisor clínico de la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP).

«Los líderes sectarios manipulan el miedo y la necesidad de la persona de sentirse feliz y protegida. Se aprovechan de ello para vender su doctrina y que todos los problemas se resolverán si se les unen”, indica a DW Myrna García, presidenta de la Red de Apoyo para Víctimas de Sectas, organización internacional que presta asistencia y consejería.

Las restricciones de movilidad y contacto social también han contribuido. García observa que «en la medida que alguien se aísla pierde apoyo. Se sumerge en su mundo y empieza a desarrollar miedos, que los líderes sectarios incrementan y manipulan, diciendo que se va a acabar el mundo, que este es el apocalipsis. Hemos visto un aumento de casos de víctimas con sicosis, que se aíslan y desarrollan una distorsión”.

En sociedades latinoamericanas pobres, donde las carencias ya suponen riesgo de caer en una secta, la crisis por el coronavirus ha duplicado el peligro de ser atrapado, abusado y estafado por líderes sectarios que aprovechan su carisma y capacidad de persuasión.

El caso de la secta neopentecostal Ministerio Berea, en el poblado rural de Isabel López, Colombia, confirma el poder de convencimiento de este tipo de grupos, más allá de toda racionalidad. Los seguidores vendieron o donaron sus bienes, se encerraron a esperar el fin del mundo el pasado 28 de enero y su pastor desapareció.

Nuevos métodos y discursos en la pandemia

La situación de confinamiento ha obligado a las sectas a buscar nuevas estrategias. «Por un lado, tienen nuevas propuestas a través de la red y plataformas virtuales, pero sobre todo observamos intensificación de los recursos de control, porque ya no tienen el contacto directo tan frecuente. Tienen que innovar y readaptar sus discursos y la forma de acercarse a las personas”, indica Perlado.

Realizan encuentros por videoconferencia y plataformas virtuales o incluso se saltan las medidas sanitarias para reunirse. «Tengo casos que han caído en sectas a través de internet o grupos de whatsapp. A través de las redes sociales y medios de comunicación digital, las sectas juegan con la autoestima, aprovechando que pueden atacar o difamar”, dice García.

En este nuevo contexto «hay una proliferación de todo tipo de propuestas que tienen que ver con la salud, venden productos que curarían el COVID, y tocan la crisis, la ansiedad, la incertidumbre y el enfado que también hay en buena parte de la población”, agrega el experto español, autor del libro ¡Captados!.

La pandemia potencia también el surgimiento de grupos que, sin ser sectas, están en la órbita de un pensamiento de este tipo y discurren por un mismo camino único y aislante, como QAnon en Estados Unidos, grupos antivacunas, survivalistas o conspiracionistas, explica Perlado. A esto se suman algunas prácticas relacionadas con la salud y el bienestar, grupos que se preparan para el fin del mundo o que dicen que la pandemia es la señal del fin de los tiempos.

La fe puede convertirse en un instrumento de manipulación, incluso en temas sanitarios: «El líder asegura que solo él dice la verdad, que no hay que creerle a nadie más y que los otros mienten, quieren controlarlos y obligarlos a usar mascarilla”, señala García.

Algunos políticos incluso han levantado mensajes peligrosos en ese sentido, como Donald Trump, Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador. También líderes religiosos, como el obispo mexicano Antonio González Sánchez. Este generó polémica al decir que usar mascarillas contra el coronavirus es «no confiar en Dios”.

«Tiene que ver con eso de que la oración y ciertas prácticas me protegen. Lo estamos viendo con mayor peso en Latinoamérica, sobre todo en algunas iglesias de tipo evangelista, neopentecostales, que se basan en la curación por la fe y dicen que la imposición de manos, la oración o el hecho de estar en el grupo les ayudará a no contagiarse. Muchas veces se amparan en la libertad de fe, pero esto es una cuestión de salud pública y trae un riesgo inherente para las personas”, afirma Perlado.

Están también quienes tiran agua bendita desde un avión o los tele-evangelistas, derivados de la Iglesia Universal del Reino de Dios, que promueven sus productos sanadores. Ahora, con el confinamiento, han debido sofisticar su oferta y diversificar el mercadeo de productos y charlas por internet.

América Latina: alerta ante amenaza de sectas

En el contexto de la pandemia, Miguel Perlado identifica dos tendencias importantes en América Latina. Por un lado, el recrudecimiento de discursos sectarios de iglesias muy fanatizadas en torno al culto a una persona y que funcionan como una secta, movimientos contestatarios diversos, no solo conspiracionistas, sino también survivalistas, iluminados, gurús de la new wave autoproclamados. «La pandemia ha sido un catalizador. Este es un primer puntal de este tipo de iglesias con prácticas basadas en la curación por la fe, que están incidiendo con mayor potencia en América Latina”, consigna.

Por otra parte, observa un reforzamiento de todo lo que tiene que ver con el cuidado personal: «Es un amplio abanico de prácticas que van desde especies de terapias sanadoras, espirituales o no, en formatos cada vez más breves, milagrosos e instantáneos”. Esto obedece a un contexto de gran ansiedad en que buscamos respuestas, dice Perlado: «La incertidumbre es tan elevada que despierta mucha ansiedad y las personas pueden verse más vulnerables de acudir a este tipo de servicios a través de la red o fuera de ella”.

Los expertos coinciden en que es clave valorar bien con quién y qué servicio se hace contacto, no tomar decisiones apresuradas y no dar crédito a propuestas que no tienen base en hechos corroborables. Pero también revisar por qué en una sociedad se dan estos pensamientos radicalizados que, en opinión de Perlado, «son un síntoma de nuestros tiempos”.

El especialista alerta: «Tenemos una tarea social importante de ver cómo desplegar recursos no solo intelectuales, sino afectivos para contrarrestar estas cuestiones que no son racionales, sino pasionales. Debemos reforzar los vínculos sociales y afectivos. La pandemia nos obliga a ser creativos y establecer vínculos que den sentido. El riesgo de que puedan entrar propuestas seductoras que capturen a la persona en estos momentos de vulnerabilidad se incrementa proporcionalmente al tiempo que pasa de pandemia”.