Agencia Efe (España), 7.03.2020

El camino a la perfección, la liberación del alma o una salud inmejorable son algunas de las promesas que ofrecen los más de 250 grupos sectarios que existen en España, grupos que “han institucionalizado el abuso y el control”, según afirma el psicólogo y psicoterapeuta Miguel Perlado.

Fundador de la Asociación para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP), así como impulsor del VI Encuentro Nacional sobre Sectas que se celebra este fin de semana en Bilbao, Perlado  ha señalado en una entrevista con Efe que esta asociación se dedica a atender, investigar y prevenir dinámicas de control psicológico para el desarrollo de intervenciones tanto preventivas como paliativas.

Según describe, las tácticas de reclutamiento son muy variadas, y pueden empezar por una invitación por parte de un conocido para participar en actividades que prometen ayudar. Una vez dentro, ofrecen un horizonte esperanzador y reducir la complejidad de la vida, pero entre tanto el grupo sectario se dedica a “escanear” los antecedentes de las personas, su situación familiar, objetivos y carencias personales, para acceder a los puntos vulnerables.

Trabajan el entorno social de las personas, las vinculan cada vez a un número mayor de actividades de grupo, y controlan sus relaciones personales y el tipo de información que comparten acerca de la organización, hasta aislarlas de su círculo más inmediato.

De esta forma, las personas terminan siendo introducidas en el núcleo de la organización, que es donde realmente se llevan a cabo las actividades de “adoctrinamiento intenso”.

La AIIAP lleva años estudiando el comportamiento de este tipo de organizaciones, y han observado un proceso de evolución: las sectas ya no se dedican en exclusiva al fenómeno religioso, sino que buscan cualquier fisura social en donde poder implantar sus propuestas que pueden ir desde actividades de ayuda humanitaria, ayuda al toxicómano o el empoderamiento de la mujer, pasando por todo tipo de terapias new age o incluso talleres de coaching.

En cuanto al proceso que se da en estos grupos, Perlado indica que “nos encontramos con el mismo sistema de control de la personalidad que en los procesos de radicalización ideológica como el yihadismo o los grupos de extrema derecha radicales violentos”. El especialista compara las secuelas del abuso psicológico vivido por las víctimas de sectas con aquellas que muestran los supervivientes de torturas de campos de concentración, las mujeres que han sido maltratadas o incluso las víctimas de la trata.

Los motivos o los medios por los que un miembro abandona una secta, según los expertos de la AIIAP, pueden ser porque haya decidido alejarse por su propio pie después de años de abusos; en otros casos, consiguen salir con ayuda externa por parte de familiares o un especialista, aunque también puede ocurrir que el propio gurú expulse al adepto, o que la policía intervenga para desarticular la organización.

En cualquiera de estos casos, los exmiembros necesitarán, según Perlado, por lo menos un año de tratamiento especializado para que puedan reconstruir su identidad y evitar relaciones destructivas a su salida, o incluso evitar el riesgo de que entren en un proceso de descompresión a la salida que les lleve a perderse en las drogas o el alcohol.