Milenio (México), Eugenia Jiménez, 31.08.2012

La Nueva Jerusalén es una de las 285 sectas que operan en México. Estos grupos religiosos han registrado un incremento en el país, por lo que se coloca en primer lugar en Latinoamérica.

Líderes de estos grupos manipulan a sus seguidores y los han llevado a violar las leyes mexicanas, otros los engañan y cometen fraudes.

La crisis económica, la cura de enfermedades y la búsqueda de lo divino han sido factores importantes para que las personas quieran refugiarse en estas sectas, que les ofrecen soluciones mágicas a
sus problemas.

El aumento de estos grupos y su operación no pueden ser controlados por las autoridades, ya que no se registran ante la Secretaría de Gobernación para convertirse en asociaciones religiosas y porque el gobierno no tiene la capacidad
para “rastrearlas”.

Además, en México existe libertad de culto, por lo que pueden funcionar sin ser sancionados, consideraron especialistas en religión.

Actualmente existen aproximadamente 2 mil grupos religiosos en Latinoamérica y se calcula que en los últimos 20 años entre 30 y 35 millones de personas se han “convertido” a distintas sectas en esta región; de éstos, 70 por ciento son mexicanos.

Se considera que 400 católicos abandonan su fe cada hora, destaca un estudio del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), donde además se menciona que México es una nación clave utilizada por las sectas para crecer hacia América Latina.

Mientras la Iglesia católica considera como sectas a todos los grupos que no pertenecen a las iglesias históricas como los presbiterianos, los investigadores como Elio Masferrer, compilador del libro Sectas o Iglesias, y para Adoniram Gaxiola, director del Centro para el Estudio de la Religión en Latinoamérica, la definición de secta debe ser clara para evitar confusiones con el surgimiento de nuevos movimientos religiosos.

“Secta es un grupo de personas que se considera salvada o elegida por Dios, que tienen a un líder al que siguen sin cuestionar”, señalan.

En México los casos de sectas más conocidos es el de los narcosatánicos en 1989, la Iglesia cristiana restaurada “Los Perfectos”, que traficaban con niños de albergues, y el de la Santa Muerte.

También existen otros grupos religiosos que impiden a los niños de otras creencias ir a la escuela. Chiapas es un estado en el que se han registrado estos casos desde hace 20 años y que han llegado a la expulsión de evangélicos de
sus comunidades.

La crisis se vivió principalmente en San Juan Chamula, donde los caciques mantienen el control político y religioso.

Ante esta situación, comentó Arturo Farela Gutiérrez, presidente de la Confraternidad Nacional de las Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), se construyó una escuela avalada por la Secretaría de Educación Pública estatal en las comunidades Avensa I y II, para que los niños asistieran a la escuela.

Situación similar se vive desde hace unos días en Nueva Jerusalén, comunidad religiosa fundada en Turicato, Michoacán, por un sacerdote católico tradicionalista disidente que se hizo llamar papá Nabor, que en días pasados sus seguidores derribaron el colegio de la comunidad e impidieron que 270 niños asistan a una escuela laica.

Para Elio Masferrer, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, sectas destructivas como Verdad Suprema, de Japón, que lanzó gas sarín en el metro matando a 13 personas, no hay en México.

Sin embargo, hay grupos dentro de la iglesia Católica como los Legionarios de Cristo que pueden ser considerados sectarios porque se “consideran un grupo salvado, elegido, que está por encima de los católicos y que pueden realizar acciones que dañen a miembros de la organización, como son los abusos sexuales de los que han sido acusados”.

En México, agregó, “las autoridades no pueden controlar a estos grupos no solo porque no se registran, sino porque el Estado mexicano no tiene capacidad para rastrear los, además de que no les gusta hacerlo, porque es muy complicado contar con gente especializada en discernir qué es un delito y qué es tarea religiosa”.

Para Adoniram Gaxiola no se descarta que algunas sectas tengan expresiones destructivas y causar daños a terceros, como en Nueva Jerusalén, que “contribuye a que los niños no se formen”.

Otros casos son los que ocurren en Oaxaca y Chiapas, donde comunidades cristianas y algunas católicas tradicionalistas expulsan, golpean y matan cuando no perte-
necen a su grupo religioso.

Líderes en la cárcel

En México han ocurrido casos de sectas en las que los líderes abusan de sus seguidores para obtener recur-
sos económicos.

Un ejemplo de ello ocurrió en Tapachula, Chiapas, en noviembre de 2011, cuando las autoridades estatales detuvieron al líder de la secta religiosa Misiones de Shaddai, Darinel López Toledo, acusado de explotar a gente de escasos recursos, incluidos menores de edad, bajo la promesa de trabajo, vivienda y alimentación.

Sus seguidores realizaban jornadas agotadoras de trabajo y solo les pagaba 25 pesos al día.

Otro caso ocurrió en enero de 2009 en el Distrito Federal, cuando se dio a conocer el caso de la desaparición de menores de los albergues Casitas del Sur, operados por la Iglesia Cristiana Restaurada, por el cual sus dirigentes están acusados de secuestro y tráfico de infantes.

Hasta la fecha hay niños desaparecidos y todos los responsables aún no han sido detenidos.

Asimismo, el 4 de enero de 2011 la Procuraduría de Justicia del DF aprehendió al obispo de la denominada Iglesia de la Santa Muerte, David Romo, acusado de pertenecer a una banda de secuestradores, y en 2005 se le había cancelado su registro.

¿Cómo identificar una secta?

Michael Langone, doctor en Psicología Clínica, definió a la secta como “un grupo o movimiento que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o cosa, y que emplea técnicas antiéticas de manipulación para persuadir y controlar (a sus adeptos), diseñadas para lograr las metas del líder del grupo, trayendo como consecuencias posibles, el daño a sus miembros, a los familiares de ellos o a la sociedad en general”.

A los seguidores de las sectas se les inculca un pensamiento mágico alrededor del dirigente.

Además, mantienen una secrecía que oculta la práctica y creencias reales del grupo y los sujetan a una serie de técnicas psicofisiológicas de control. Los mantienen en un régimen autoritario y absolutista para utilizar a las personas para cubrir las necesidades del grupo.

Los cultos de las sectas son vividos a través de ejercicios sentimentales: la música, abrazos, gestos de bienvenida, aplausos y expresiones espontáneas en voz alta. Los sermones son extensos y ocupan un lugar primordial; aparece el fundamentalismo y el simplismo.

Su moral es tipo inflexible, rigorista, puritano, y mantienen una fijación psíquica en las profecías de su dirigente que llegan a caer en el fanatismo, y ellos se convierten en pseudoprofetas que tienen el control grupal.