El Mundo, 24.07.2011

El rastro de la extrema derecha en los atentados -explosión más tiroteo- de Oslo, que se han saldado hasta el momento con 92 víctimas, recuerda al que, en 1995, se registró en el ataque contra un edificio gubernamental de Oklahoma City que acabó con 168 muertos y más de 500 heridos.

Si en Oslo el autor confeso es Anders Behring Breivik, un noruego de 32 años que estuvo afiliado a un partido de la derecha populista, en el caso de Oklahoma City el culpable fue Timothy McVeigh, de 26 años, militar, guardia de seguridad y simpatizante de movimientos contra el control de armas y a favor de las milicias urbanas.

En Oklahoma, los explosivos fueron fabricados con nitrato de amonio comprado como fertilizante; en Oslo podría darse un caso similar

Así, mientras el objetivo de McVeigh fue inspirar una revuelta contra el gobierno federal de EEUU, el de Behring no se queda atrás, como ha demostrado el manifiesto difundido tras su detención, ‘2083. Una declaración de independencia europea’. En él, el autor confeso de la explosión y el tiroteo en Oslo habla de una “Revolución conservadora”, identifica enemigos entre los líderes políticos europeos y propone desde crear una fuerza militar transnacional hasta la expulsión de los inmigrantes musulmanes, además de incluir notas sobre guerrilla urbana o cómo crear todo tipo de bombas.

El 19 de abril de 1995, McVeigh, con la complicidad de Terry Nichols y Michael Fortier, hizo explotar una camioneta llena de explosivos al pie de un edificio de la administración federal. La detonación dejó prácticamente destrozado el edificio Alfred P. Murrah y causó 168 muertos, 19 de ellos niños, y más de 500 heridos. Hasta que se produjo el ataque del 11-S contra las Torres Gemelas, el de Oklahoma se consideraba el mayor atentado cometido en territorio de EEUU.

Además de los grandes daños materiales y personales que ocasionó, el atentado de Oklahoma fue un ‘shock’ para los estadounidenses que aún hoy se recuerda en el país norteamericano. Detenido poco después del accidente, el ex soldado McVeigh, cercano a círculos neonazis, fue ejecutado el 11 de junio de 2001 tras afirmar que actuó “por el bien común de los estadounidenses” al golpear al Estado federal. Declaraciones muy similares a las de Behring, quien tras su detención aseguró que el ataque fue ‘atroz’ pero ‘necesario’.

McVeigh apuntó al Gobierno Federal de EEUU; la policía sospecha que el de Oslo fue un atentado directo contra el Partido Laborista

McVeigh también explicó que no apoyaba la forma en que el Gobierno, a través del FBI, asaltó en 1993 el rancho de Waco (Texas) donde un grupo de la secta de los davidianos guardaba, entre otras cosas, armas automáticas. Aquel caso se cerró cuando las fuerzas federales tomaron el rancho, que ardió, y provocaron la muerte de 76 personas. Behring estaba descontento con la gestión multicultural, de inmigración y de integración en toda Europa.

Terry Nichols, el cómplice principal de McVeigh condenado a cadena perpetua, le ayudó a fabricar los explosivos. Para hacerlo, adquirieron 80 sacos de nitrato de amonio, un fertilizante común en cualquier granja pero también de uso habitual en la fabricación de explosivos. Aunque actuó sólo, también el culpable del ataque de Oslo adquirió grandes toneladas de fertilizantes para las plantaciones que regentaba poco tiempo antes del ataque.

Al igual que Timothy McVeigh en Oklahoma, Anders Behring Breivik fue rápidamente arrestado e interrogado por la policía y reconocido como un “cristiano fundamentalista” cercano a círculos de extrema derecha. Si McVeigh apuntó en su ataque al Gobierno Federal, el de Behring iba dirigido contra el Partido Laborista de forma particular aunque, en realidad, su objetivo era difundir un ideario político que plantea una lucha más general contra lo que define como el marxismo cultural.

Tras el atentado de Oklahoma no sólo se discutieron las causas y se modificaron leyes en Estados Unidos. También atrajo la atención de la extrema derecha de dicho país. Según datos recopilados por el Southern Poverty Law Center (SPLC), el número de grupos racistas de extrema derecha ha aumentado un 60% desde el año 2000. En concreto, han pasado de 602 a más de un millar en 2010. Un aumento que, según el SPLC, es más acusado desde que Barack Obama se convirtió en el primer presidente negro de Estados Unidos. Habrá que esperar para ver el efecto que el ataque de Oslo, y el manifiesto de Behring, tienen en Europa.