Excelsior (México), 20. 12.2012

Al calor de las profecías mayas, Yucatán ha recibido desde hace varios años la llegada de visitantes y turistas foráneos que buscan en la entidad una explicación sobre las versiones que vaticinan catástrofes naturales.

El reflejo de estas inquietudes se plasman en extrañas construcciones en la entidad que los lugareños han bautizado con diversos nombres: “Arcas de Noé”, “Fortalezas”, ya por su diseño arquitectónico o bien por su ubicación en medio de la selva peninsular.

Una de estas construcciones es un misterioso conjunto habitacional  llamado “Las Águilas” que se localiza en el poblado de Xul, a más de 100 kilómetros al sur de Mérida.  Xul, o Xúul, en lengua maya significa fin, final, fenecer, límite o extremo.

De acuerdo a las leyendas de los habitantes del lugar, una mujer tuvo una vez un sueño; un “ser de luz” le dijo que debía construir un nuevo lugar cerca de un pequeño poblado yucateco llamado Xul, sobre cerros, entre la selva, y en un punto cercano a Kiuic, un antiguo asentamiento maya.

Ahí se construyó en años recientes esta mini ciudad de 800 hectáreas llamada Las Águilas, habitada por italianos, que tiene todo lo necesario para que una familia viva ahí de una forma autosostenible: cuenta con bodegas de alimentos, instalaciones para generar energía solar, una laguna y área de cultivo de sus propios frutos.

Vecinos de los poblados de alrededor aseguran que la construcción fue creada para soportar el fin del mundo y las catástrofes que se avecinan en 2012.

Además, las 16 viviendas de la colonia tienen paredes de 60 centímetros de ancho con materiales especiales para soportar catástrofes climáticas como temperaturas extremas, fuego e inundaciones.

Según los habitantes de la zona, las casas de los italianos serían capaces de soportar radiaciones, pues fueron construidas con doble muro, que las hace ver como una fortaleza. El núcleo central, además, tiene mayores dimensiones.

Simona Novelli, de relaciones públicas del lugar, confirmó a un medio local  que, en efecto, el sitio tiene habitaciones concéntricas de doble pared, pero que no es un búnker para el Fin del Mundo, sino “un homenaje a la arquitectura de las chozas mayas” y el efecto de los dobles muros de 60 centímetros, rellenados con fibra neumática se debe a una alternativa térmica, en un sitio en el que, por lo general, se vive a una temperatura de 36 grados centígrados a la sombra.

Alexandra Guerbeta, masajista del lugar, indicó que también hay tratamientos especiales de belleza facial y relajamiento físico, todo acorde a la naturaleza y en un plan ambientalista, con productos elaborados a base de plantas de la región.

Se trata, dijo, de mantener una congruencia con la finalidad de las construcciones concéntricas, para ser un hotel eco turístico muy distante a edificios inteligentes, aunque tiene novedades tecnológicas.

Según Simona Novelli, la especulación surgió cuando empezaron a construir, a puerta cerrada, sin interactuar con el mundo exterior, lo que derivó en una “publicidad no esperada de alcance internacional”, por medio de la cual tienen muchas fechas vendidas y alta ocupación, principalmente entre quienes huyen del estrés.

En términos generales, es un hotel con 21 habitaciones, spa, alberca, gimnasio, servicio de internet satelital, paneles solares que permiten autosuficiencia aún en casos de desastres naturales que en la zona son principalmente, ciclones.

Pese a la nueva campaña de “Las Águilas” para desmentir que son una secta apocalíptica, un Arca de Noé o algo parecido, su versión de ser solamente un hotel-spa ambientalista y bien planeado contradicen a las autoridades mexicanas.

Apenas unos meses atrás, la delegación Yucatán del Instituto Nacional de Migración (INM) reportó que los italianos asentados en la comisaría de Xul, Oxkutzcab, están inscritos como investigadores ecológicos ya que trabajan en proyectos de biocombustible con plantas locales como la jatrofa y la llamada “campanilla”. En otros términos, que buscan producir biodiesel.

En condición de investigadores, el INM señaló a 13 de un total de 21 que permanecen en Yucatán. De estos, siete ya se nacionalizaron como mexicanos y seis se encuentran en trámite de hacerlo. Los trámites migratorios de estas personas en México datan de 1994 y se verificó la adquisición legal de 820 hectáreas en Xul.

La pirámide de la Selva

A 20 kilómetros de Yaxcabá y nueve de Sotuta,  a más de 150 kilómetros de Mérida, en medio de la selva, se construyó una pirámide de mampostería y piedra labrada de 30 metros de alto, en cuyo interior hay cuando menos ocho habitaciones, a las que se accede mediante escaleras de mármol negro, además de que en la parte superior edificó una enorme piscina.

La pirámide cuenta también con un túnel que conduce a un cenote ubicado a 15 metros de la monumental estructura de piedra.

La moderna obra se asienta en cientos de hectáreas, colindantes con la zona arqueológica de Chichén Itzá.

La extensa superficie se ubica en un predio identificado como rancho “Santa María”, a donde se llega a través de un camino de terracería que se encuentra a nueve kilómetros de Sotuta rumbo a Tixcacalcupul.

Luego de unos dos kilómetros por la vereda ya no se puede continuar, en vista de que se topa con rejas de madera y una cerca de alambrada custodiada por vigilantes durante las 24 horas.

El acceso está estrictamente controlado y sólo se permite el paso a los trabajadores previa identificación. En las maderas de la reja está un letrero que dice: “Rancho Santa María, Cenote Luz de Agua. Propiedad privada, prohibido el paso”.

La enorme pirámide de mampostería y de piedra labrada prefabricada con base en figura de óvalo de aproximadamente 30 metros y también 30 metros de altura. Se asemeja de sobremanera a la estructura de la pirámide maya de “Kinich-Kakmó” ubicada en Izamal, una de las más grandes que hay en México y cuyos orígenes se remontan al período clásico mesoamericano.

En su interior, se construyeron habitaciones con ventanas triangulares y altas que circundan la estructura que de lejos da la apariencia de una enorme nave espacial de tres niveles.

Los cuartos están diseñados de tal manera que la luz del sol penetra a través de una especie de “tragaluz” óvalo en la parte superior de cada cuarto, ornamentado también con material parecido al mármol.

Los arquitectos diseñaron un túnel principal que conecta con los accesos a los cuartos y desemboca al cenote que se encuentra afuera. También se tienen construidos tres entradas más al cenote, pero en la parte de afuera, uno de ellos con escaleras en espiral.

En la parte superior de la pirámide, se trabaja en la conclusión de una enorme piscina al aire libre, lo que permitiría para quienes se ubiquen en ese lugar, una espléndida vista de toda el área.

Los trabajadores han reportado que “el dueño” arriba cada tres semanas o cada mes a bordo de un helicóptero.

La mayoría de los trabajadores son de Sotuta, aunque los hay también de Tixcacalcupul.

La pirámide se ubica a unos 30 a 40 kilómetros de Chichén Itzá y en la zona se registran más de 30 cenotes, casi todos abandonados.