En nombre del amor, la sabiduría y la bondad de Satán

By |2010-09-21T21:43:18+00:0013 octubre, 2008|La Familia Manson, Satanismo|

DARÍO PRIETO| El Mundo, CULTURA| 13.10.2008

Se reedita ‘La Biblia satánica’, de Anton Lavey, el libro que inspiró los crímenes de Charles Manson

MADRID.- Si Dios es amor, entonces Satán es… «amor», responde Anton Lavey (1930-1997) desde las páginas de La Biblia satánica. El libro, publicado en Estados Unidos en 1969 y reeditado ahora en España por la editorial Martínez Roca, presenta una forma de entender el satanismo alejada de los sacrificios de niños y vírgenes, las orgías y las misas negras.

Según Lavey, las diferentes religiones «han atacado sin descanso y sin reservas al Demonio». Pero, al representar todo lo malo y lo opuesto de lo que predican, Satán ha terminado por convertirse en el sostén de estas organizaciones religiosas. Y, frente a la corrupción de éstas, Lavey escoge al Demonio como todo un símbolo de la libertad, la sabiduría y la amabilidad.

Nacido en Chicago en 1930, Anton Szandor Lavey, vivió desde joven en San Francisco. Allí comenzó a tocar el órgano en diversos locales, desde cabarets y ferias populares a iglesias. Fue en esos escenarios, como explica en las páginas de La Biblia satánica, donde empezó a gestarse su visión del ser humano.

«El sábado por la noche, veía a hombres deseando con lujuria a las chicas que bailaban medio desnudas en la feria ambulante y el domingo por la mañana, cuando tocaba el órgano en la carpa de los evangelistas, en el otro extremo del recinto de la feria, veía a esos mismos hombres sentados en los bancos con sus mujeres e hijos pidiéndole a Dios que los perdonara y los librara de los deseos carnales», escribe.

«Sin embargo», prosigue, «la noche del sábado siguiente regresaban al espectáculo o algún otro lugar de complacencia. ¡Entonces supe que la Iglesia cristiana se fundamenta en la hipocresía y que la naturaleza carnal del hombre es inevitable!»

Atraído por los fenómenos paranormales y después de trabajar como fotógrafo y criminalista para la Policía, en la noche de Walpurgis (30 de abril) de 1966, Anton Lavey optó por afeitarse la cabeza y fundó la Iglesia de Satán, reconocida más tarde como religión en Estados Unidos (se calcula que actualmente cuenta con unos 20.000 fieles) y articulada según los preceptos de La Biblia satánica.

Más que una religión, lo que Lavey concibió fue todo un sistema filosófico de carácter racionalista, materialista, individualista y liberal, adornado con diversos rituales que, lejos de aceptar la existencia de un ser superior, intentan liberar la esencia humana de sus ataduras. Si los dioses se han revelado como injustos y crueles con la naturaleza del hombre, sostiene Lavey, entonces es justo volver la mirada hacia quien acaba representando todo lo opuesto.

Inspirado en las enseñanzas de pensadores tan relevantes como Nietzsche, Ayn Rand, Alessandro Cagliostro o Alesteir Crowley y su «Haz lo que quieras», Lavey criticó tanto las enseñanzas cristianas como los patrones de comportamiento de lo que él llamo «meros adoradores del Demonio», es decir, los satánicos, según la imagen aceptada por la mayoría de la población.

Para él, estos aprendices de magia negra no hacían sino continuar por «el sendero de la mano derecha» trazado por las religiones, al aceptar la existencia de un ser superior. «¡Un satanista no sacrificaría bajo ninguna circunstancia a un animal o un bebé!», grita airado Lavey desde las páginas de su Biblia.

También rechaza la obligación de entregarse al sexo orgiástico porque sí: «El satanista defiende la libertad sexual, pero en su sentido auténtico: libertad tanto para ser fiel a una sola persona como para dar rienda suelta a tus deseos sexuales con tantas como creas necesario». Tomando un juego de palabras en inglés, Lavey revirtió la imagen clásica del mal (evil) para transformarla en vida (live).

Por estos motivos, muchos adoradores de Satán tacharon a Lavey de blandengue y demasiado racional. Por el contrario, otros, al ver como Lavey iba convirtiéndose en una figura pública y su Iglesia en un elemento de la cultura pop, le condenaron por mercachifle y vendedor de humo gracias a su dominio de la iconografía y los ritos impactantes.

Hubo incluso quien, como en el caso de Charles Manson, interpretó libremente sus enseñanzas, del mismo modo que hicieron los nazis con Nietzsche, y acabó convirtiéndose en un siniestro ángel de la muerte. Sin las enseñanzas de Anton Lavey, este psicópata no habría cometido, por ejemplo, uno de los crímenes más execrables de las últimas décadas: el asesinato de la actriz Sharon Tate, esposa entonces de Roman Polanski, y otras seis personas en la mansión del cineasta polacofrancés el 9 de agosto de 1969.

La mano de Satán guió a la secta que, ya desde varios meses atrás, atemorizaba a los californianos con sus proclamas y, lo que era mucho peor, unas amenazas que no solían caer en saco roto. Tal vez Charles Manson ansiaba usurpar el diabólico trono que ocupaba Anton Lavey.

En cualquier caso, la consecuencia fue un verdadero shock que hizo temblar los cimientos de hippismo a sólo una semana de la celebración del Festival de Woodstock, marcado por el macabro recuerdo.

Charles Manson, aún vivo y cumpliendo su condena en la cárcel, llegó al extremo de considerar semejante asesinato como un happening, más o menos como si segar la vida de los incautos que allí se encontraban fuese una acción con connotaciones artísticosociales. La aberración se consumó siguiendo la influencia que le dejó la visión de una de las mejores películas de Roman Polanski, La semilla del diablo.

En el filme, Mia Farrow estaba embarazada, igual que Sharon Tate en la realidad. Y el ensañamiento fue brutal.

Los postulados de Anton Lavey no dejan de circular por internet, en una suerte de mandamientos que los grupos más insospechados son capaces de adoptar como propios. Por eso, el propio autor hablaría, sin duda, de la vigencia de sus proclamas visionarias.

APOYO

Codo a codo con las estrellas

Ya desde su fundación, la Iglesia de Satán contó con el apoyo de diversas figuras públicas. Así, a las primeras reuniones del círculo asistieron el cineasta ‘underground’ y escritor Kenneth Anger y el fotógrafo Joe Rosenthal. Poco a poco, Lavey se fue haciendo famoso y captando la atención de la cercana Hollywood.

En sus memorias comenta que tuvo un ‘affaire’ con Marilyn Monroe cuando él tocaba el piano en el club de ‘strip-tease’ en el que ella trabajaba. También, que la actriz Jayne Mansfield fue introducida en esta religión y que el pequeño Sammy Davies Jr. se interesó por ella.

Aunque Lavey nunca lo aceptase, Charles Manson se inspiró en él para crear la hermandad satánica que provocó la matanza en la que murió Sharon Tate.

A quien sí acogió en su seno fue al cantante Marilyn Manson, a quien llegó a nombrar reverendo de su iglesia.

También le frecuentaron ‘sus satánicas majestades’, los Rolling Stones, Genesis P-Orridge, de Psychic TV, o los componentes de Led Zeppelín.

APOYO

DECÁLOGO ‘TRASH’

«Satán representa la satisfacción, no la abstinencia».

«Satán representa la existencia vital, en vez de quimeras espirituales».

«Satán representa la sabiduría inmaculada,no el autoengaño hipócrita.

«Satán representa la amabilidad hacia quienes la merecen, en vez del amor a los ingratos».

«Satán representa la venganza, en vez de ofrecer la otra mejilla».

«Satán representa al hombre como otro animal -la mayoría de las veces peor que los de cuatro patas- que, debido a su divino desarrollo espiritual e intelectual, se ha convertido en el más depravado de todos».

«Satán representa los denominados pecados, pues todos ellos conducen de forma inexorable a la gratificación física, mental o emocional».