JUAN ARIAS, El País, Roma – 30/09/1981

El Parlamento italiano está debatiendo, con gran apatía, lo que ha sido llamado el mayor escándalo del siglo, es decir, el asunto de la logia masónica Propaganda 2 (P-2) organizada por el venerable maestro Licio Gelli, según todos los indicios, como una gran, operación política destinada, a crear secretamente una estructura de poder paralela a las instituciones legítimas de la República.Pero el verdadero escándalo, como lo definía ayer toda la Prensa del país, ha sido, sin embargo, el desinterés y el absentismo con que el Parlamento ha acogido un debate que se esperaba iba a ser defuego. Habían sido presentadas 54 interpelaciones al Gobierno. Ayer, el primer gobierno presidido después de cuarenta años por un no democristiano, el republicano Giovanni Spadolini, tenía que haber respondido al gran escándalo. Pues resulta que en la Cámara se presentaron sólo 39 diputados, de los cuales treinta eran de la oposición. No estaban presentes ni los que habían presentado interpelaciones. Y, sobre todo, estaba ausente el mismo presidente del Gobierno. La oposición fue durísima. Ante las presiones de la Prensa y de la oposición el presidente del Gobierno se presentó un momento en el Parlamento para reafirmar el empeño de su Gobierno en resolver el escándalo de la logia masónica, pero ni siquiera se esperó a escuchar la réplica de los diversos oradores.

El dirigente de la P-2, Licio Gelli, desapareció al ser descubierta la logia y se halla en paradero desconocido en Latinoamérica. Más de mil personajes de todo tipo- diputados, ex ministros, militares, banqueros, simples funcionarios, hombres de partido- aparecen en la famosa lista de Gelli como miembros de una secta prohibida por la Constitución. El asunto costó el puesto a docenas de altos militares, entre ellos todos los responsables de los servicios secretos. Un escándalo sin. precedentes, que parecía amenazar a la propia democracia italiana.