JOSÉ A. HERNÁNDEZ, – Madrid – 01/04/1995

La Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid solicita provisionalmente, fuertes penas de cárcel para 18 miembros de la Iglesia de la Cienciología en España. La fiscalía cree que estas personas cometieron 13 delitos. La pena de cárcel más alta -cerca de 30 años de prisión- la formula contra Hebert Jentzsch, líder mundial de esta organización. Para los demás, las penas varían. Una de ellas es de ocho años por detención ilegal. El juicio se celebrará dentro de varios meses en la Audiencia de Madrid.

El escrito de acusación, que ocupa cerca de 80 folios, detalla la! actividades presuntamente delictivas que han desarrollado en España los dirigentes de una organización que, según el fiscal, utiliza como tapadera la religión, aunque sus fines reales son “básicamente lucrativos”. Es decir, “ganar dinero, y cuanto más, mejor” subraya el fiscal.Los delitos que ha descubierto el fiscal son los siguientes: asociación ilícita, contra la libertad y seguridad en el trabajo, la salud pública, defraudación a Hacienda, amenazas, intrusismo profesional, usurpación de funciones, detención ilegal de personas, lesiones, denuncia falsa, coacciones y simulación de delito.

El fiscal arremete con dureza en su escrito contra la Iglesia de la Cienciología: “Su falta de escrúpulos es de tal grado que incluso muchas de sus actividades ilícitas aparecen regladas” en una especie de código ético que contiene humillantes castigos para sus infractores. Habla, entre otras vejaciones, del llamado lavado de cerebro que se hacía a los miembros de la organización indisciplinados. Consistía en encerrarles durante días en una habitación sin comer ni dormir, y bajo intimidaciones. El fiscal señala que Cienciología utilizaba el llamado test de personalidad para captar adeptos. Efectuada la prueba, lo habitual era hallaren el usuario algún problemas físico o psíquico, y garantizarle su curación si se sometía a determinados cursos, muy costosos. Anunciaban que eran capaces de curar hasta el cáncer.

Sin embargo, la realidad era bien distinta. Pone como ejemplo el fiscal el caso de Angel P. I., un enfermo de diabetes a quien Cienciología, tras someterle al citado test, le informó que sufría problemas psicológicos de los que podría sanar si participaba en un curso. Tras abonar 110.000 pesetas, a Ángel P. le hicieron tomar unas sustancias (niacina, entre otras) que le provocaron un coma diabético. Tuvo que ser ingresado en un hospital. También ataca el fiscal los métodos empleados por Cienciología en sus centros de rehabilitación de drogodependientes: “Carecen de cualquier rigor científico” e incluso son perjudiciales para la salud, dice.

Basándose en informes hechos en el extranjero sobre Cienciología, el fiscal deja entrever la “extraordinaria peligrosidad” que caracteriza a esta organización (para definirla utiliza más este término que el de secta) si se siente atacada. Cuenta las investigaciones que efectuaron sobre el juez instructor del sumario, la ex diputada Pilar Salarrullana y varios periodistas. Quisieron buscarles trapos sucios.