PABLO ORDAZ, – Madrid – 16/03/1999

Hay que saber quién es el enemigo para luchar contra él. Más de 200 sectas destructivas -catalogadas oficialmente como tales en Francia, Bélgica y Alemania- tienen todavía perfecta cobertura legal en España y actúan bajo la apariencia de iglesias, centros de recuperación de toxicómanos u ONG de ayuda al Tercer Mundo. El Congreso de los Diputados va a estudiar una proposición no de ley de Convergència i Unió para la creación de un Observatorio sobre las Sectas. Su fin será luchar contra las organizaciones que anulan la libertad de sus miembros.Hay un peligro añadido, que recalca el grupo parlamentario catalán en su informe: «La perspectiva del fin del milenio puede propiciar situaciones difíciles, que sería conveniente prever». De ahí que CiU pida «estrategias concretas» y especial protección para «la juventud y la infancia».

Los expertos de la policía española -al igual que los del resto del mundo- viven este año con la mosca detrás de la oreja, pero apenas pueden hacer nada. Hasta el ministro del Interior, Jaime Mayor, debió salirse por la tangente en su anterior comparecencia parlamentaria sobre el problema. Dijo que hay más de 200 sectas destructivas en España, pero no aclaró cuáles, ni se atrevió a nombrar a ninguna.

Apariencia beatífica

 

De haberlo hecho hubiese seguramente incurrido en delito, puesto que algunas de las señaladas tienen todos los papeles en regla, licencia fiscal y los mejores abogados. Otra cosa, claro está, es lo que escondan bajo su beatífica apariencia. Y eso es, precisamente, lo que busca la iniciativa de CiU: quitar las capuchas. Que, como en Francia, Bélgica o Alemania -por citar tres países de la UE-, el Parlamento se decida a estudiar con seriedad el problema. En los países señalados hasta existe una lista oficial de sectas. «La creación de un Observatorio», explica la proposición no de ley, «tendría como misión principal la recogida y análisis de datos, así como la difusión de la información obtenida en torno a la situación de las sectas». La información es para las sectas como la cruz para el diablo. De ahí que intenten por todos los medios neutralizar cualquier tipo de noticia que sobre ellas se difunda, y suelen utilizar la vía legal -su gran poder económico así se lo permite- para aburrir a los que consideran enemigos. CiU reclama pues «el apoyo a las entidades que se dedican a la recuperación» de los adeptos. Aquí se produce otra situación curiosa. Dado el carácter oficial de algunas organizaciones sectarias, son habitualmente premiadas con subvenciones oficiales. Más ayudas, por supuesto, de las que disfrutan las asociaciones que se dedican a combatirlas.

La propuesta de CiU, impulsada por el diputado Carles Campuzano, advierte del peligro que acarrea el fin del milenio.