JAIME PRATS – Valencia – El País, 01/03/1999

El Gobierno cifra en 38 los grupos «que pudieran estar bajo la consideración de sectarios» en la Comunidad Valenciana en una respuesta parlamentaria remitida al diputado alicantino de Nova Esquerra, Manuel Alcaraz. Este número supone el 20% de las sectas de todo el Estado español ya que el Ministerio del Interior cifra en 200 el total de estas organizaciones en todo el territorio español. La proliferación de estas asociaciones está siendo acompañada por la creación de organizaciones civiles y religiosas de ayuda a ex adeptos y de la investigación constante de la Policía a través de la Brigada de Información. [EN] La Comunidad Valenciana parece ser una tierra fértil para el desarrollo de las sectas.

La respuesta remitida por el Gobierno al diputado de NE Manuel Alcaraz cifra en 38 los grupos susceptibles de ser considerados como secta: 30 en la provincia de Alicante y ocho en Valencia. En su mayoría, estas asociaciones «son delegaciones de otros grupos más amplios que operan a nivel nacional o mundial», según el Gobierno. La numerosa presencia de estos grupos no ha sorprendido al alicantino Juan Lledó, de 28 años, miembro de los Testigos de Jehová durante los últimos 20. El pasado 15 de septiembre fue expulsado de la asociación por leer Crisis de Conciencia, un libro del disidente estadounidense Raymond Franz que estuvo en la cúpula de la organización. Lledó también ocupó puestos de relativa responsabilidad. Trabajó en el equipo administrativo de la central que la organización tiene en Ajalvir (Madrid) pero sus dudas, especialmente las relativas a la imposibilidad de recibir tranfusiones y la búsqueda de respuestas fuera del estricto ámbito de la organización forzaron su expulsión. Lledó actualmente está en trámites de ultimar la Asociación para la Prevención y Asesoramiento ante las Sectas Destructivas de la Personalidad y, cuando su trabajo se lo permite, responde al alud de consultas que miembros y antiguos adeptos a varios grupos que podrían ser considerados sectas, fundamentalmente testigos de Jehová, dirigen a determinadas direcciones de correo electrónico, una red que les sirve de ayuda y asesoramiento. «Recibimos cartas desde niños de 16 años hasta un empresario de Alcoy que no se sale porque quiere mucho a su mujer», asegura. Para Lledó «una religión no puede desarrollarse sin crítica interna», característica que le basta, junto al aislamiento que someten a los miembros expulsados para identificar al grupo como secta. Establecer qué asociación puede ser considerada como secta, sin embargo, no es tan sencillo. Priscilio Ruiz, sacerdote especializado en este tipo de organizaciones incluye a toda aquella asociación pseudoreligiosa, filosófica o cultural de estructura fuertemente jerarquizada y totalitaria que busca adeptos con falsas promesas para explotarles mediante el engaño, la extorsión o la coacción psicológica. Este sacerdote colabora con el Arzobispado de Valencia en la creación de la fundación Veritas, un centro que se constituirá en centro de documentación, información e investigación del fenómeno de las sectas. Ruiz diferencia entre las destructivas, aquellas que causan daños irreparables en la personalidad del adepto fruto de la dependencia psicológica que sienten hacia el líder, y las peligrosas, en las que el daño mental está acompañado por físico. En la presentación de la fundación, el sacerdote advirtió de la necesidad de una fuerte cobertura legal debido a que «hay sectas muy combativas, con una capacidad de intimidación sin límites», por lo que tiene previsto establecer convenios de cooperación con instituciones internacionales dedicadas a la materia. Sin nombres Quizás por este motivo el Gobierno no ha ofrecido nombres de asociaciones que pudieran entrar en los parámentros que identifican a un grupo como secta. «La Secretaría de Estado de Seguridad prefiere dar datos estadísticos», fue la respuesta de Antonio Romero, asesor de preguntas parlamentarias del ministro del Interior al ser requerido para dar los nombres de las 38 asociaciones «que pudieran estar bajo la consideración de sectarios», tal y como se recoge en la respuesta del Gobierno. Otro problema consiste en que «estas organizaciones cumplen muchos de los requisitos legales», destaca el asesor, «por lo que es un tema delicado». En este sentido el portavoz de la Dirección General de la Policía, Antonio Nevado, reconoce la existencia de investigaciones en curso, pero tampoco ofrece los nombres de las organizaciones. José Rodríguez, autor de siete libros sobre sectas, eleva la cifra de este tipo de asociaciones a miles, muchas de ellas en el entorno cristiano. «No todas son destructivas», afirma tajantemente. Rodríguez critica a aquellas que manipulan a sus integrantes, emplean tácticas de aislamiento o conculcan los derechos jurídicos de sus adeptos. «Son las criticables». Para Rodríguez la peligrosidad de este tipo de grupos no está en las creencias que tengan sino más bien en el daño que causen a sus adeptos. Reconoce que últimamente existe un auge de este tipo de movimientos, aunque las causas están más próximas a la «crisis social» que al advenimiento del final del milenio. «Una sociedad con problemas crecientes provoca que la gente busque reductores de ansiedad, y acudan a las sectas como remedio», señala.