JULIO M. LÁZARO / LUZ S. MELLADO – El País, Madrid – 28/09/1991

Las prácticas homosexuales de los mandos de la secta Edelweiss con niños de 11 o 12 años eran “algo normal”, según los primeros y demoledores testimonios que los entonces niños dirigieron ayer contra sus presuntos corruptores. Los siete primeros niños que ayer desfilaron ante el tribunal relataron con asombrosa entereza la sórdida y alucinante historia de su captación en el colegio y su mentalización para alcanzar la “libertad en el amor”, antes de ser virtualmente inmolados a manos del todopoderoso líder de la secta, Eduardo González Arenas, Eddie

 

L. R. tiene ahora 22 años, pero sólo contaba 12 cuando dos de sus compañeros de colegio le propusieron ir de acampada un fin de semana con otros compañeros de Edelweiss. Dos muchachos más mayores que hoy se sientan en el banquillo Antonio Gutiérrez, Toño y Eduardo Gómez Ballesteros, Edgar, le contaron sugerentes historias de remotos planetas a los que serían trasladados los distintos grupos de Edelweiss desde la Tierra ante el cataclismo anunciado para 1992.Para alcanzar los planetas soñados había que seguir el lema de Edelweiss, amor, paz y justicia. “Al principio hablaban de la libertad del amor, pero no especificaban” rememoró L. R. Cuando llevaba unos ocho meses haciendo acampadas, Carlos de los Ríos e Iñaki de Miguel les revelaron la “naturalidad” de las relaciones del amor entre hombres. “Decían que la mujer era una imperfección, un símbolo de maldad, nos ponían el ejemplo de Eva”. Todos les creyeron porque “después de contarlo, veías que esa relación era más o menos habitual entre ellos”.

 

 

 

Primera experiencia

 

 

 

Con gran tacto, la fiscal fue apuntalando los aspectos inevitables de los testimonio, sin entrar en detalles. L. R. tuvo su primera “experiencia” a los 13 años con Eddie. “Hubo un intento de coito anal, pero no llegó a ser una relación completa. El primer contacto homosexual continuó después con otra persona del grupo”, añadió el testigo.

 

L. R. recordó más contactos homosexuales con Eddie, con Antonio Gutiérrez, Toño y con Javier Bueno Huertas, Bicho. “En ningún caso hubo coito completo, pero cuando no se llegaba al coito, se practicaba la masturbación. Me la hacían a mí y yo a los otros. También hubo caricias y tocamientos en zonas erógenas”. Los testigos coincidieron en que una vez iniciados, “era ya algo habitual”. “Nos sentíamos más integrados al ver que era normal y lo considerábamos un paso más para alcanzar la perfección que, como elegidos, habría de llevarnos a un planeta”.

 

Los entonces niños de Edelweiss concretaron las principales responsabilidades en un “triunvirato” dirigente integrado por Eddie, Carlos de los Ríos e Ignacio de Miguel. Eddie “era dialogante y lo sabía todo”. Le consideraban un “extraterrestre” enviado para llevarles al Planeta de los Niños, al que irían los elegidos entre los 7 y 14 años.

 

“Sólo pensaba en hablar con él, en que me hiciera caso. Si a alguno le rechazaba, como fue mi caso, dolía mucho”, precisó J M H. “Eddie siempre estaba encima de mí y me masturbó varias veces”, recordó otro de los testigos, F. J. V, de 26 años, y que a los 11 entró en la secta.

 

Todos los muchachos fueron iniciados por Eddie en la homosexualidad, salvo raras excepciones, como la de R. J. C, quien mantuvo con Millán Alonso los primeros “tocamientos sexuales”, antes de practicar con Eddie el coito anal a los 16 años. “Eddie elegía a los mas atractivos y al resto los relegaba a acampadas y fuegos de campamento”, recordó otro de los testigos.

 

Los guardias de hierro, que en días pasados dijeron al tribunal se presentaron como víctimas de un “lavado de cerebro” por parte de Eddie, constituían “una secta dentro de la secta”, según sus antiguos subordinados. “Eran quienes elegían a los menores con los que iban a dormir cuando, como en El Escorial, el grupo alquilaba una casa. Los que no aceptaban las relaciones sexuales se quedaban la tienda”.

 

F G B., testigo de excepción en su calidad de ex guardia de hierro, aseguró que había disputas entre el triunvirato “para acostarse con los mismos chicos”. A raíz de la muerte en accidente de bicicleta de un miembro de la secta, Eddie formó un consejo de honor e incitó a uno de los jóvenes a que se hiriese con su propio machete, arma de obligada tenencia entre los menores.

 

También se fomentaban las relaciones de los menores entre sí, pero a todos se les exigía un “juramento de silencio a muerte” cuyo transgresor nunca iría al planeta. En las casas alquiladas por la secta, “había alcohol por todos lados”.

 

Con las declaraciones de los testigos, el proceso dio un giro radical y la actitud desenfadada de los procesados se tornó en caras de preocupación y rápidas y nerviosas consultas con sus abogados. La sesión comenzó con dos horas de retraso, hasta que el tribunal acordó la retirada de la sala de los medios audiovisuales y ordenó que la prensa escrita sólo publicase las iniciales de los testigos para preservar su intimidad.