JULIO M. LÁZARO – , El País, Madrid – 23/09/1991

Eduardo González Arenas, Eddie, líder de la secta Edelweiss y otros 11 de sus dirigentes de la misma se sentarán hoy en el banquillo de la Audiencia Provincial para ser juzgados como presuntos autores de 75 delitos de corrupción de menores. Hace casi siete años, bajo la cobertura de actividades de acampada, niños y adolescentes cayeron en la sórdida red de un grupo de presuntos pederastas que, previo juramento de silencio, les iniciaron en las prácticas homosexuales.

El compromiso de silencio, roto por uno de los miembros en noviembre de 1984, provocó un escándalo de proporciones mayúsculas, hoy casi olvidado. Han pasado siete años desde la primera denuncia y los entonces niños hoy superan la mayoría de edad, algunos han formado una familia y les repugna evocar unos hechos que quieren enterrar a toda costa. “Nos comieron el tarro. Lo que nos hacían en las excursiones ya se lo he dicho a la Policía y sólo quiero olvidarlo”, dijo entonces uno de los menores.

Según el fiscal, Eddie comenzó en 1970 a crear grupos que con la apariencia de promover el espíritu de aventura fueron aglutinando niños de 11 y 12 años de edad a los que inculcaron conductas proclives a sus apetencias sexuales.

Tras unas experiencias iniciales en Alicante, que concluiría con una primera condena por corrupción, Eddie reemprendió su actividad en Madrid. Se rodeó de una docena de elegidos con los que mantenía relaciones homosexuales y les invistió como instructores de los menores a los que captaron en núcleos de relación familiar o escolar entre residentes en la madrileña zona del Retiro.

Los niños recibían uniformes paramílitares y se les convencía de que iban a formar un grupo guerrillero de altos y nobles ideales. A los iniciados o jabatos les adoctrinaban sobre la existencia del planeta Nazar, en guerra con el planeta Delhais, al que serían trasladados los niños en caso de guerra nuclear.

Para merecer llegar a Delhais había que alcanzar un estado de perfección que pasaba por olvidar la educación familiar. En Delhais no había cabida para las mujeres, por lo que para prepararse para la relación perfecta que se mantiene en esos planetas debían estimular su amor hacia sus maestros y compañeros de grupo hasta alcanzar el grado de guardia de hierro. Éstos debían prestar juramento de fidelidad y silencio y eran marcados en la axila y el brazo izquierdo con un alambre candente que formaba una H y una I cruzadas.

Masturbación con menores

Según la acusación fiscal, las doctrinas sobre relaciones homosexuales eran acompañadas de actos de masturbación colectiva entre los elegidos o entre algunos de éstos con algún menor y en presencia de los restantes, a los que incitaban a realizar estas prácticas. Así conseguían vencer su repugnancia y facilitarse el acceso a los alevines del grupo “haciéndoles objeto de tocamientos y masturbaciones que ocasionalmente concluían con la realización de la cópula anal”.

Los niños que se resistían a la masturbación o a ser sodomizados eran postergados, lo que procuraba la sumisión de los demás a monitores y guardias de hierro más aventajados.

El proceso se dilató por la huida de Eddie con algunos dirigentes de la secta a Portugal, que les entregó a España en 1985. La calificación del fiscal data de 1986. Eddie salió de prisión en 1987. Un posterior peloteo de competencias entre la Audiencia Nacional y, la Provincia] y el olvido en los últimos años han retrasado el juicio hasta ahora.

El fiscal pide para Eddie seis años por cada uno de los 75 delitos de corrupción de menores con la agravante de reincidencia. En total, 450 años de los que no cumpliria más de 18, el triplo de la pena más grave que puede corresponderle. Para cada uno de los otros 11 procesados pide un total de 225 años, de los que cumplirían nueve.