JOSÉ YOLDI El País,  Madrid – 06/07/1985

Eduardo González Arenas, alias Eddy y Alain, presunto cerebro del grupo Edelweis, organización juvenil de montañismo bajo la que se ocultaba una red de corrupción de menores, fue entregado ayer por las autoridades portuguesas a la justicia española. González Arenas prestó declaración durante algo más de dos horas ante el juez central de instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, Francisco Castro Meije, quien decretó su ingreso en prisión.

González Arenas es el cuarto dirigente de Edelweis entregado a España por la justicia portuguesa. A últimos de febrero fue entregado Rafael Javier Bueno Huertas, y a mediados de marzo Carlos de los Ríos Ferreira y Antonio Gutiérrez Rodríguez.Los cuatro, al igual que Ignacio Javier de Miguel García-Mas, Antonio Gutiérrez Rodríguez, Javier Muñoz-Bustillos Llorente, Eduardo Gómez Ballesteros, José Garrido Gil, Juan Iriarte Aguirrezabala, Javier Marcos Martínez, Millán Alonso Menéndez y José Luis Mariño Martínez, se encuentran procesados por varios delitos entre los que figuran los de corrupción de menores, abusos deshonestos, asociación ¡lícita, estupro y escándalo público.

Seis de los procesados se encuentran en prisión: González Arenas, De los Ríos, Gutiérrez, De Miguel, Bueno y Mariño. Los seis restantes están en libertad provisional.

Invención de la Prensa

El máximo dirigente de Edelweis negó en su declaración todas las acusaciones de que es objeto y reiteradamente declaró, a preguntas del juez, del fiscal y de los abogados acusadores y defensores, que «todo es una invención de la Prensa».

El magistrado calificó la declaración como una «pérdida de tiempo». Francisco Castro aclaró: «La Constitución le permite no declarar, puede no autoinculparse y no tiene la obligación de decir la verdad, por lo que una vez que se ha visto que no tenía intención de aclarar nada, aunque se le han hecho muchas preguntas, en realidad ha sido una pérdida de tiempo».

El juez Francisco Castro explicó que en el sumario, por el momento, no han aparecido indicios de la existencia de bandas paramilitares ni de tráfico de niños. «Nada ha aparecido sobre esos extremos ni en las declaraciones de los afectados, ni en las confesiones de los acusados, ni en el resto de las investigaciones realizadas».

El escándalo de Edelweis saltó a las páginas de los periódicos a finales de noviembre de 1984, por las denuncias de los padres de varios de los afectados. La organización pasaba por ser un grupo de montaña que reclutaba a sus miembros en colegios próximos a la zona del parque del Retiro de Madrid, aunque bajo esa falsa apariencia se ocultaba una banda dedicada a la corrupción de menores.

Los niños y adolescentes eran introducidos en el grupo a través de una serie de monitores, de los que González Arenas era el jefe máximo. Primero debían realizar un juramento de silencio, y más tarde eran sometidos a prácticas homosexuales.