¿Espiritualidad o modos de vida alternativos?

By |2013-09-05T21:54:44+00:005 enero, 2007|Doce Tribus|

Elena Calero – El País, Huelva – 05/01/2007

Soy familiar de un miembro de “las Doce Tribus”. Mi tío, su mujer y sus hijos entraron en esa comunidad o secta hace ya seis años. Para toda mi familia fue un auténtico mazazo. A mi tío “se lo habían llevado”. Nos movilizamos. Conseguimos un nombre: las Doce Tribus. Allá (no fue en San Sebastián) nos fuimos con nuestro dolor, hace seis años, cargados de preguntas para que volviera con nosotros. “Ahora, sí: espero algo de mis hijos”, fue su respuesta.

Siguió en las Doce Tribus. Después nos hemos reunido toda la familia en celebraciones, comidas familiares. No han opuesto resistencia a salir de su “tribu misteriosa”, no más que cualquiera por “compromisos u obligaciones de trabajo”. El dolor y el estupor inicial se han ido convirtiendo en un tema de reflexión sobre modos de vida.

Consumismo, todos colgados de televisores, móviles, videojuegos, chats… Ése es el nuestro. Los niños de las Doce Tribus no tienen libros (¿cuántos niños “normales” los tienen?) pero tampoco tienen móviles, videojuegos… ni la necesidad compulsiva de conseguirlos. ¿Cuál de los dos modelos de vida es el “aberrante”? Mis primos, puedo asegurarlo, son felices, tienen la atención constante de sus padres y, si están sin escolarizar, tienen siempre a un miembro de la “tribu” para inculcarles valores como convivencia, respeto a los demás, a la naturaleza.

No tienen necesidad de consumir. No tendrán un coche pagado por papá, ni todo lo que alguien de 30 años, como yo, debería tener. Ni tendrán nunca una titulación universitaria, ni un máster. Pero tampoco conocerán lo que es ser universitaria mileurista explotada, ni los problemas para acceder a una vivienda. Y no tendrán la duda de traer hijos al mundo porque nadie encuentra la solución para conciliar vida familiar y laboral. No tendrán casi nada pero carecerán de poco.

Me duele que mi tío y su familia sigan en las Doce Tribus. Pero lo entiendo. No soy practicante de ninguna religión. Lo escrito no es por “sospechosa espiritualidad” sino por reflexionar sobre qué modelo de vida y sociedad debo seguir. Hay otros modos de vida que no hacen daño a nadie, sólo son alternativos al nuestro.