OCTAVI MARTÍ – El País, París – 08/04/1997

Raphael medía 75 centímetros y apenas pesaba cuatro kilos y medio, la mitad de lo que hubiese sido normal en un niño de 19 meses. Padecía del corazón y estaba resfriado, pero sus padres no querían que viese a médico alguno. “Nuestro objetivo es que nuestros hijos sean responsables. Es Dios quien nos los ha dado y no podemos confiarlos a cualquier desconocido. La vida que llevamos es muy sana, y ésa es la mejor prevención contra las enfermedades”. A Raphael Ginhoux, esa vida le ha llevado a la muerte.El drama estalló el pasado 3 de abril, cuando Raphael murió en Angous, una pequeña población del departamento francés de los Pirineos-Atlánticos. Él y sus dos hermanos crecían junto a sus padres, Dagmar, de 34 años y nacida en Alemania, y Michel, de 36 y abundantes barbas de profeta, en el seno de una comunidad del Orden Apostólico, también conocida como Tabitha’s Place.

Se trata de una secta que organiza su vida a partir de una lectura fundamentalista de la Biblia, tal y como la instituyó Elbert Eugen Spriggs desde Vermont, en Estados Unidos. En Francia cuenta con unos cien adeptos y, como mínimo, otros tantos niños. La situación de los menores es lo que más preocupa ahora a los jueces.

Los niños son las primeras víctimas de la locura ecológico-espiritualista de muchas sectas. En Francia ha sucedido con las sectas Horus, el Logis de Dieu, con el Temple Solaire, y ahora, con el Orden Apostólico.

En Tabitha’s Place está prohibida la televisión, las novelas y las revistas. No hay lugar para la ficción y las imágenes en un universo de pureza. El alcohol y el tabaco tampoco son admitidos entre estos redescubridores de la Biblia que sólo toleran el sexo dentro del matrimonio y destinado a la reproducción.

La comunidad se dedicaba a la artesanía y cultivaba frutas y vegetales biológicos naturales, crecidos sin ningún tipo de abono artificial y no tratados con insecticida. Si las manzanas pueden resistir todas las plagas, ¿por qué los niños no serían capaces de lo mismo? De ahí que ninguno de ellos esté vacunado.

Raphael no ha tenido tiempo para descubrir que los juguetes están prohibidos en el Orden Apostólico porque “son obra de Satán”, ni tampoco había visto aún cómo sus travesuras eran corregidas a golpes de vara de fresno bañada en aceite. Era demasiado pequeño para saber que “la disciplina aproxima a Dios”.

Tampoco sabía que iba a ser distinto de los demás niños de Angous porque él, como sus hermanos, no iría a la escuela. En Francia, la instrucción es obligatoria, pero no la escolarización. Los padres pueden impartir esa instrucción, máxime si cuentan con la ayuda de otros miembros del Orden Apostólico.

La justicia, que ha ordenado a la policía que investigue los locales de la secta y a una docena de médicos que controlen la salud de los 75 niños, se siente impotente ante casos como éste.

Ha dictado un auto de procesamiento contra Michel Ginhoux y su esposa, Dagmar, por “no prestar atención médica, lo que ha provocado la muerte de un menor”. El resto de los miembros de la comunidad también pueden verse procesados por “no atender a una persona en peligro”.

De momento, Dagmar se ha negado a responder a las preguntas que le ha formulado el juez Thierry Pons porque espera la llegada de un abogado del Orden Apostólico que la aconseje.

Sus compañeros de delirio han intentado tranquilizarla recordándole los razonamientos que ellos mismos se repiten cada día: “Somos como los fundadores de la primera Iglesia, somos como los cristianos de hace 2.000 años y, como a ellos, se nos persigue”.

Por su parte, el alcalde de Angous se lamenta: “No puedo hacer nada para expulsarles, pues pagan sus tasas y sus impuestos de radicación. Es cierto que primero construyen y sólo luego piden el permiso, pero eso no es importante”. “Lo grave es que los niños no van a la escuela, que no están vacunados, que nadie sabe si reciben malos tratos. No tengo derecho a cruzar la verja del castillo”, añade.

El jueves, cuando sí pudo hacerlo, fue para acompañar a la ambulancia que vino a buscar al pequeño Raphael.