El País, Editorial, 13/08/1995

La muerte dramática de una barcelonesa que había interrumpido el tratamiento convencional contra el cáncer que padecía y el episodio de una niña austriaca afectada por esa misma enfermedad y a la que sus padres trasladaron a España para evitar que los médicos la operaran ha dado a conocer la imagen de un cierto doctor Hamer. Se trata de un doctor austriaco defensor de una medicina alternativa que suprime los tratamientos establecidos y pone el acento en la autocuración mental del enfermo.La “curación por el espíritu” comienza en esta cultura (aparte religiones, sectas o supersticiones) por Mesmer, el magnetizador: en Viena, la ciudad de Sigmund Freud y del psicoanálisis; la misma de la que llega esta “nueva medicina” de Hamer. Está causando víctimas mortales. Sus discípulos, varios de ellos españoles y ejerciendo aquí, consideran que las enfermedades proceden de conflictos psicológicos: si el enfermo descubre la causa psíquica del mal, éste desaparece. No, no desaparece, salvo en cuestiones muy específicas. La esperanza de vida se ha más que duplicado en Europa desde el tiempo de Mesmer (dos siglos). Pero no se debe a él, sino a la medicina clásica renovada de tal forma, apoyada de tal manera, que ha conseguido resultados entonces inimaginables.

Naturalmente, no es infalible. Nunca habrá una medicina infalible si se considera que ninguna nos salvará de la muerte. De esa evidencia se ha nutrido eternamente la superstición, la tensión hacia el milagro y la creencia en formas de curanderismo. Practicada por médicos titulados, el daño empieza cuando retira al enfermo la ayuda técnica real; en los casos que se han conocido estos días, la quimioterapia para enfermos de cáncer. La angustia de la enfermedad, el sufrimiento psíquico y físico que causan las terapias, llevan a los pacientes a estas prácticas, que, en el mejor de los casos, acelerar sus muertes; en otros las producen cuando podían haber sido evitadas.

Una serie de “medicinas alternativas” están alentando esos impulsos. No se puede renegar de todas las que tienen alguna base real, como apoyo o como terapia psíquica, aunque haya otras, fuera ya del ámbito de la medicina, que son siniestras. Todos los años hay muertos por prácticas de brujería o de exorcismos: frecuentemente son niños las víctimas. Algunos medios de comunicación están difundiendo estos sistemas: a veces como publicidad, otras por lo que creen una buena información. En el caso de la mujer muerta en Barcelona, la familia comenta el daño que han causado dos programas de televisión. Son acusaciones que hay que acoger con mucho cuidado: el juez ante quien presentaron al médico del “sistema Hamer” ha rechazado la denuncia porque ese facultativo no recetó nada que pudiera haber causado la muerte. En cualquier caso, el título no da derecho a cualquier práctica o cualquier invento que bien puede no ser nocivo, pero que tampoco es curativo y explota la necesidad y la angustia de los enfermos. Hamer ha sido privado en Austria del derecho a ejercer: es una medida prudente.