El Nuevo Herald (Honduras), 14.01.2014

Una mujer del sur de Florida que se ofrecía como vidente y aseguraba a sus clientes que era capaz de curar el cáncer terminal, fue sentenciada a penas de cárcel y a compensar a sus víctimas con $2.2 millones, informaron medios locales.

Nancy Demetro Marks, de 44 años y residente en la ciudad de Fort Lauderdale, al norte de Miami, fue condenada a tres años de cárcel después de que se declarara culpable en el 2012 de tramar junto con su suegra, Rose Marks, una “estafa masiva”, recogió el diario Sun Sentinel.

La supuesta psíquica se mostró avergonzada por lo hecho y pidió este lunes disculpas al juez que presidió la audiencia para sentencia en un tribunal de Fort Lauderdale.

“Estoy avergonzada. Aun cuando crecí para ser psíquica debería haber sabido mejor (lo que hacía) como lo sé ahora”, se disculpó Demetro Marks, quien, junto con otros nueve familiares, fue arrestada en el 2011 por conspirar para presuntamente estafar a clientes que solicitaban sus servicios como vidente.

En septiembre pasado, la familia de Demetro Marks, que utilizaba los nombres también de Michael o Michaels, fue acusada de estafar millones de dólares en los últimos 20 años haciéndose pasar por videntes con poderes paranormales.

Sobre esta familia pesaban los cargos de “presunto fraude por correo, fraude electrónico y conspiración y lavado de dinero”.

La Fiscalía señaló en la acusación que la familia Marks, estadounidense de origen rumano, “operaba una empresa criminal con la adivinación como centro”.

El fiscal Laurence Bardfeld indicó en la acusación que “leer la fortuna no es un delito”, pero sí lo es prometer la devolución de grandes sumas de dinero y no hacerlo, algo que constituye un fraude.

La acusación alegaba que la familia Marks “ofrecía lecturas videntes que se dirigían finalmente al fraude y por las que pedían a cambio a los clientes miles e incluso millones de dólares que iban a ser usados en ceremonias de oración para eliminar las maldiciones diabólicas”.

Al parecer, según la Fiscalía, las mujeres de la familia eran las encargadas de utilizar sus supuestos poderes psíquicos para las sesiones de videncia, mientras que los hombres eran los responsables de mover el dinero recaudado.

Los pagos efectuados por los clientes, unas veces de $20,000 y otras de $50,000, rara vez se hacían de una sola vez.