LUIS EDUARDO SILES. El País, Huelva – 24/11/1992

La Audiencia Provincial de Huelva ha condenado a 26 años de cárcel a Ana Camacho Carrasco, guía espiritual de la denominada secta de Mazagón, por entre otras cosas la muerte en 1988 de Rosa de Lima Sanz, la integrante de¡ grupo que quiso huir. La sentencia, hecha pública ayer, condena a los siete procesados pero rebaja considerablemente la petición fiscal.. Rosa Lima Sanz murió en un hospital de Sevilla tras una serie de torturas escalofriantes por parte de Ana Camacho, quien contó con la connivencia de los demás miembros, convencidos de que la víctima “estaba endemoniada”.

El tribunal ha condenado a siete años de cárcel por parricidio a José Manuel Sánchez Palancar, marido de la víctima. A dos años, por homicidio, a Asunción Muñoz Álvarez, Concepción González Servián y Emilia Gallego Valdés. A un año, por detención ilegal, a María Luisa Camacho Carrasco, la hermana de la principal acusada. Y a dos meses de arresto mayor, por encubrimiento de homicidio a Fernan do Asanza Fernaud.Las penas suman unos 40 años de cárcel para los procesados, mientras el ministerio público, en sus conclusiones definitivas, había solicitado un total de 185 años de prisión.

Uno de los principales motivos de la rebaja de la pena ha sido la consideración para cinco de los procesados de la atenuante de “obediencia debida provocada a través del error”. Se trata de una novedad recogida en el artículo 6 del Código Penal, según los magistrados, que solicitó el abogado Fernando Vergel para su defendido, Fernando Asanza.

La sentencia, de 57 folios, recoge además en el capítulo de fundamentos de derecho que “la muerte de Rosa Lima Sanz, en contra de la acusación que viene manteniéndose por el ministerio público, se considera por el tribunal como un homicidio y no como un asesinato, por no compartirse las tesis del fiscal de que el envenenamiento por la megivacaína sea la causa fundamental del fallecimiento”. Rosa Lima Sanz murió en un hospitalde Sevilla después de recibir una serie de torturas escalofriantes por parte de Ana Camacho, que contó con la connivencia de los demás integrantes del grupo, convencidos de que la víctima ,,estaba endemoniada”.

Los hechos ocurrieron en Mazagón, localidad costera próxima a Huelva. La resolución señala que Ana Camacho, una auxiliar de clínica que había realizado un curso de control mental en 1978, dirigía el grupo “de forma despótica y estrafalaria”. Los demás integrantes depositaron en ella “una confianza ciega” y aceptaban “todas sus decisiones”.

Ana Camacho, mediante cambios del tono de voz, convenció a todos’ de que a través de ella hablaban espíritus como El Gran Águila, u otros de denominaciones más modestas, como Santiago o Juan. Los componentes de la comunidad 11 se encontraron presionados por varias falsas creencias”, entre ellas la de que “el apartamiento del grupo les llevaría de forma inexorable a su-propia condenación eterna”, según la sentencia. Por todo ello, aceptaban las palizas de Ana, y alguno llegó a beber orina de perro. La mayoría de las veces actuaban bajo los efectos de una mezcla de sustancias psicotrópicas, que Ana Camacho elaboraba y les proporcionaba “a modo de comunión”, con el nombre de cafiaspirinas bendecidas.

Ana Camacho Carrasco, intemada desde hace cuatro años en la prisión de Sevilla, hubiera debido ser puesta en libertad de no pesar inmediatamente sobre ella una condena en firme, en virtud del artículo 504 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.