JAVIER GARCÍA – Lisboa – El País, 28/03/1999

Una oleada de catástrofes, la destrucción de ciudades enteras y el apocalipsis final. Ése será el destino para «pecadores y comunistas» con la llegada del próximo siglo, del nuevo milenio. Los trágicos augurios proceden de la Fraternidad Misionera del Cristo Joven, una secta ultracatólica que desde hace varias semanas está vendiendo en Portugal y en algunas zonas de España al módico precio de 650.000 escudos (más de medio millón de pesetas) las llamadas cruces del amor, unos ejemplares de 7,36 metros de altura que permanecen iluminadas durante la noche y aseguran la salvación para los fieles. Un espectáculo ciertamente estremecedor cuando se las divisa de noche en muchas áreas del norte del país y en la región del Alentejo, el feudo de los comunistas lusos.Ante tal situación, las reacciones de la Iglesia no se han hecho esperar. El arzobispo de la diócesis de Braga, el epicentro de este movimiento, ha hecho pública una nota oficial en la que «lamenta y desaprueba» la mencionada iniciativa «marcada por una idea milenarista y supersticiosa, sin ninguna base teológica o bíblica» que, además, sólo tiene como objetivo un evidente «interés económico». Basado en los supuestos testimonios de algunas videntes (los cinco de Medugorje, en la antigua Yugoslavia; la ortodoxa griega Vassula Ryden y la francesa Madeleine Aumont), el líder de la citada fraternidad, el padre Joaquim Milheiro, aseguraba al semanario Expresso que el fin del milenio traerá consigo una oleada de catástrofes como «una sequía mundial», «el incendio de ciudades enteras» y «una enorme destrucción» si bien no significará «el fin del mundo». Será «la purificación total de la Tierra, a la cual seguirá una nueva era para la humanidad que pasará, entonces, a ser gobernada por Jesucristo».

De hecho, los miembros de la Fraternidad Misionera del Cristo Joven ya han vendido cerca de 100 cruces, que se encuentran sembradas, fundamentalmente, en las diócesis del norte del país y en el Alentejo.