L’Espresso (Italia), Sandro Magister, 30.09.2019

El viernes 20 de septiembre el papa Francisco recibió en audiencia al fundador del Camino Neocatecumenal, Francisco “Kiko” Argüello, y a sus dos lugartenientes, María Ascensión Romero y el padre Mario Pezzi. En esa ocasión Kiko le regaló al papa un dibujo realizado por él con la efigie de san Francisco Javier, jesuita y gran misionero en Asia.

El obsequio no fue casual. Una insigne reliquia de san Francisco Javier se conserva en Macao, en la costa de China, donde la congregación vaticana “de Propaganda Fide” abrió el 29 de julio el último de los seminarios “Redemptoris Mater” para la formación de sacerdotes que pertenecen al Camino, que ya son más de cien diseminados por todo el mundo. El miércoles 18 de Septiembre, al finalizar la audiencia general en la plaza de San Pedro, el papa incluso saludó a los formadores y a los alumnos de este nuevo seminario, antes de su marcha hacia Macao. Y, según un comunicado del Camino, le dijo a Kiko: “Estoy contento porque realizáis la cosa más importante de la Iglesia, que es evangelizar, y no lo hacéis con proselitismo, sino mediante el testimonio”.

Sin embargo, no todo es tan triunfal para Kiko y su movimiento. La fortuna de ambos llegó al cenit durante el pontificado de Juan Pablo II, deslumbrado por la intransigencia de estos en el ámbito del amor conyugal, con su no absoluto a los contraceptivos y con familias súper prolíficas. Pero primero con Benedicto XVI y, después, con Francisco, los reproches al Camino se han multiplicado. Y hoy, a finales de este mes de septiembre, sale un libro que incluso lo acusa de apoyar verdaderas herejías:

El sacerdote autor del libro es, también, director de un blog muy atento a la ortodoxia doctrinal. Y focaliza los dos errores capitales del Camino en una “concepción herética del sagrado misterio eucarístico” – con la misa que se asemeja “en parte a una pascua judía y en parte a un banquete calvinista” – y en una “confusión sobre las distintas formas de sacerdocio”, la común a todos los bautizados y la propia de quien ha recibido las órdenes sagradas, con catequistas laicos, empezando por Kiko, que se arrogan a sí mismos los deberes de los sacerdotes y mandan en todo.

En efecto, aún sin llegar nunca a cargos por herejía, la doctrina y la praxis del Camino han levantado en las décadas pasadas severas críticas por parte de las autoridades vaticanas, tanto de la congregación por la doctrina de la fe, que ya cuando era prefecto Joseph Ratzinger había examinado y obligado a corregir quince volúmenes de transcripciones de las catequesis orales impartidas a los adeptos por Kiko y la co-fundadora María del Carmen Hernández Barrera (1930-2016), como de la congregación por el culto divino, que en diversas ocasiones ha llamado a las comunidades neocatecumenales al fiel cumplimiento del rito romano en la celebración de la misa.

A estos llamamientos los vértices del Camino se han declarado siempre obedientes de palabra, pero desobedeciendo de hecho, es decir, continuando, puertas adentro, con la celebración de sus extravagantes misas y sus peculiares catequesis, a la vez que, en público, se exhibían llenando las plazas de los “Family Day”, acudiendo en masa a las ciudades sedes de las jornadas mundiales de la juventud, enviando familias en misión a tierras lejanas, además de multiplicando sus seminarios “Redemptoris Mater”.

Todo esto les ha garantizado algunos éxitos, pero ha suscitado a la vez duras reacciones, especialmente por parte de los obispos tanto conservadores como progresistas – como el cardenal Carlo María Martini (1927-2012) que nunca les quiso en su diócesis de Milán -, que no toleran que los neocatecumenales penetren en diócesis y parroquias sembrando división y ganando adeptos, no de la Iglesia, sino de su propia secta.

En 2010, una conferencia episcopal completa, la de Japón, llegó a expulsarlos de su país y cerró su seminario. Y continuó entorpeciendo su camino incluso después de que – en agosto de 2018 – volvieran a la carga con el apoyo del cardenal Fernando Filoni, prefecto de “Propaganda Fide” y ferviente partidario de los neocatecumenales, quien anunció que quería reabrir en la diócesis de Tokio un seminario “Redemptoris Mater”, esta vez bajo la jurisdicción directa de su congregación vaticana. Una vez fallido este segundo asalto al Lejano Oriente, Kiko y Filoni lo intentan de nuevo hoy con la construcción del seminario de Macao.

Sin embargo, mientras tanto han sufrido otro revés en el Océano Pacífico. Allí, el arzobispo de Guam, Anthony Apuron, partidario del Camino Neocatecumenal, recibió un fuerte golpe el pasado 7 de febrero por una condena canónica definitiva por abusos sexuales tras una investigación exhaustiva realizada en primera instancia por el cardenal Raymond L. Burke y en segunda instancia por el papa Francisco. No sorprende que Kiko haya defendido la inocencia de Apuron hasta el final, pero con la destitución del obispo en Guam, también se cerró el seminario “Redemptoris Mater” y la presencia de los neocatecumenales casi ha desaparecido.

Con la llegada de Bergoglio al pontificado, Kiko pensó que tendría el campo más libre que con su predecesor Benedicto XVI, dada la indiferencia del actual papa hacia las desviaciones doctrinales y litúrgicas del Camino.

Pero Francisco es alérgico también a los supuestos méritos adquiridos por los neocatecumenales con su inflexible condena de los anticonceptivos. Tan alérgico como para reservarles, en opinión de muchos, la mordaz broma en el avión de regreso de Filipinas: “Algunos creen que para ser buenos católicos debemos ser como conejos. No. Paternidad responsable”.

Bergoglio no invitó a ningún miembro del Camino al sínodo sobre la familia, ni siquiera como auditor, a pesar de la ostentosa especialización en el asunto de la que ellos mismos alardean. Y la encíclica ecológica “Laudato si”, con los maltusianos Ban Ki-Moon y Jeffrey Sachs cada vez más habituales en el Vaticano y ahora también invitados por el Papa al inminente sínodo sobre el Amazonas, ha dejado de lado a los ultra prolíficos neocatecumenales.

Otra cosa que no le gusta a Francisco es la confusión entre “foro interno” y “foro externo”. “Es el pecado en el que caen muchos grupos religiosos hoy en día”, dijo el pasado 5 de septiembre en Mozambique, cuando se reunió con los jesuitas presentes en el país. Sin embargo, es precisamente esto lo que hacen  los neocatecumenales con sus llamados “escrutinios”, que son de hecho “confesiones públicas que descarnan la conciencia con preguntas que ningún confesor se atrevería a hacer””, como las definió un arzobispo muy crítico hacia el Camino, Luigi Bommarito, de Catania.

Además, al pauperista Bergoglio definitivamente no le gustan los enormes gastos que realiza el Camino para congraciarse a los obispos de todo el mundo, por ejemplo, regalando cientos de viajes promocionales a Israel, que culminan con una visita a la espectacular ciudadela neocatecumenal llamada “Domus Galilaeae”, con magníficas vistas al lago de Tiberíades. A esto también puede ser que aludió el Papa cuando, el 5 de mayo de 2018 en la explanada de Tor Vergata, les dijo a los neocatecumenales que celebraban el 50 aniversario del Camino: “Jesús no autoriza desplazamientos con descuento o viajes pagados. A todos sus discípulos solo les dice una palabra: ¡Id!”.

Pero, sobre todo, existe la aversión de Francisco por los movimientos católicos de cualquier tipo, por esos movimientos populares de la segunda mitad del siglo XX que despertaban tanto entusiasmo en Juan Pablo II, pero que hoy, independientemente del favor o el desfavor de los papas, están en decadencia en todas partes.

El Camino Neocatecumenal es uno de estos. Si sólo pudiera transmitir su “credo” a los hijos de sus prolíficas parejas, y luego a los hijos de sus hijos, su crecimiento numérico sería exponencial. Pero no es así. Ya ni siquiera funciona en la familia.