F. G. B. El País, Washington – 23/02/1988

Nadie está libre de pecado en el increíble mundo de los predicadores electrónicos norteamericanos. El teleevangelista Jimmy Swaggart, cabeza de una iglesia que hizo el pasado año 140 millones de dólares (16.000 millones de pesetas) en beneficios, confesó, lloroso, el domingo -ante más de 7.000 personas- que es un pecador. Sorprendido con una prostituta en un motel -hay pruebas fotográficas-, Swaggart abandona el púlpito y el negocio mientras las Asambleas de Dios -nombre de su secta fundamentalista protestante- deciden qué hacer.

Con la voz quebrada, Swaggart confesó que había pecado e imploró el perdón de su mujer, que le escuchaba en primera fila, afirmando que “Dios nunca le ha dado a un hombre una mejor compañera, y he pecado contra tí”. Realmente fue el mejor sermón de este gran demagogo. Swaggart acabó hace ahora un año con el telepredicador rival Jimmy Baker, al denunciarle como adúltero también con una prostituta.