Arco Iris: la vida como catarsis comunitaria

By |2018-02-04T11:40:39+00:001 febrero, 2018|Arco Iris|

Noticias de Navarra (España), Paula Etxeberría, 1.02.2018

En el pueblo navarro de Lizaso, en la década de los 80, surgió una comunidad tántrica que, bajo el nombre de Arco Iris, buscaba otro modelo de sociedad;la gente que la integraba, personas muy jóvenes de todos los estratos sociales, lo compartía todo, experimentaba con el cuerpo, con los afectos y con la espiritualidad en diversas formas. Llevaban huertas, un horno de pan, una imprenta en la que producían sus propias publicaciones, hacían talleres de madera, y sobre todo, cursos, que eran una fuente de ingresos muy significativa. En esta comunidad, de la que apenas se ha investigado hasta ahora, se sitúa el origen y la introducción del yoga y la meditación en Navarra.

Empujada por una “necesidad biográfica” -sus padres formaron parte de Arco Iris- y por el interés de “comprender de qué momento histórico” es “hija”, la artista y cineasta navarra Irati Gorostidi (Valle de Egüés, 1988) ha iniciado una investigación en torno a dicha comunidad tántrica. El trabajo, bajo el título Cuerpos ácimos – Gorputz Airisak y enmarcada en el proyecto Yo, la peor de todas, tiene como propósito el análisis del periodo histórico en el que esta experiencia tuvo lugar y culminará con la producción de una película.

Durante varias semanas, Irati Gorostidi ha estado trabajando en el Centro Huarte -donde este fin de semana se puede visitar, en Habitación 9, 2ª planta, su proceso de investigación- sobre el archivo de publicaciones, fotos y vídeos de Arco Iris. Ha tenido encuentros con una decena de personas que en su día pertenecieron a la comunidad tántrica de Lizaso o tuvieron relación con la misma. “De momento estoy investigando cuáles son los referentes visuales, simbólicos y conceptuales desde los cuales se construyó la identidad de esta comunidad”, explica Gorostidi. Arco Iris, cuenta, era “una comunidad en la que se convivía y se compartía todo”, poblada por un colectivo de gente “que en ese momento de transición y de ruptura, o quizá de necesidad de catarsis, también de frustración de algunos proyectos políticos que no se llevaron a cabo o que la Transición no trajo como se esperaba para algunos sectores de la sociedad, quiso experimentar con el cuerpo, con los afectos, con posibles formas de sociedad. Muchos venían de experiencias de militancia política, otros de experiencias más radicales a nivel de drogas, por ejemplo. Y esas personas se apropiaron de referentes, sobre todo orientales, espirituales, del psicoanálisis, de terapias de diferentes tipos, con la intención de encontrar los límites del cuerpo y de la mente. Sobre todo lo que tenían era una necesidad muy grande de catarsis, de búsqueda de otros modelos de sociedad basados en ideas que se experimentaron en muchas otras comunidades que hubo en Navarra en esa época y en ese momento histórico en general, y que tenían que ver con la abolición de la propiedad privada, con el cuestionamiento de las relaciones de pareja, con la crianza colectiva… y a nivel espiritual con corrientes que venían de Oriente, desde el budismo, el hinduismo, el zen, pero cogiendo también inspiración del sufismo o del cristianismo esotérico… era una mezcolanza que habían importado de otras comuniades que había en Estados Unidos y Europa”, cuenta la artista y cineasta, quien reconoce que su curiosidad por esta comunidad viene dada por el hecho de que sus padres formaron parte de ella, “y por eso empecé a hacerme preguntas sobre este fenómeno del cual yo apenas sabía nada. Y he descubierto que casi no se ha analizado hasta ahora, y eso que fue un fenómeno significativo. Muchas personas pasaron por Arco Iris, no solo las que vivieron allí -un número de gente que osciló en distintas épocas entre los 30 y los 100-, sino también participantes en los cursos que organizaban. Se dice que pasaron por ellos miles de personas en aquellos años”, apunta.

Arco Iris surgió a finales de los 70 y duró prácticamente una década. Hubo un periodo en que estuvo instalada en Lizaso y luego se extendió a Arenys de Munt (Barcelona) y a Alcover (Tarragona), para trasladarse después toda la comunidad a Catalunya. “Su desaparición tuvo que ver con un proceso en el que el liderazgo bajo el que nació y se fundó la comunidad -personificado en Emilio Fiel, Miyo- empezó a quebrarse. La comunidad se fue oxidando, supongo que hubo conflictos…”, cuenta Irati Gorostidi, quien tiene la intuición de que la película en la que se materializará su investigación será “más cercana a la ficción” que al género documental. Quizá comience a darle forma en Estados Unidos, adonde la artista se traslada ahora para estudiar cine durante dos años, uno en Nueva York y otro en Los Ángeles.