Cult Observer, 17.10.1994  [Traducción Miguel Perlado]

¿Quiénes eran los muertos?

Los miembros del Templo Solar parecen ser muy distintos de los seguidores de Jim Jones o de David Koresh. No parecen, en su mayoría, haber sido buscadores marginales u oprimidos por la sociedad. En realidad, algunos eran prósperos hombres de negocios, otros profesionales, e incluso el alcalde de una ciudad de Quebec, es decir, gente de clase media captada y controlada en gran medida por el carismático doctor-espiritualista Luc Jouret y por su círculo interno.

Sólo cabe especular sobre las necesidades personales que la “filosofía” de Jouret satisfacía a todos sus seguidores, pero las respuestas se harán más claras a medida que desarrollemos los perfiles individuales de las personas atraídas por una combinación de espiritualismo y de ocultismo, por la creencia en la eficacia de la homeopatía y de otras alternativas a la medicina tradicional, y la preocupación relacionada sobre el anunciado desastre ecológico.

Entre los quebequianos que murieron en Suiza se encontraban: Robert Ostiguy, de 50 años de edad, alcalde de Richelieu, y su esposa, Francoise; Jocelyne Grand’Maison, de 44, reportera de Le Journal de Québec; y Robert Falardeau, de 47 años, funcionario del ministerio provincial de financias. Sus amigos y familiares afirmaron que creían que los cuatro habían muerto asesinados. “Hace 30 años que conozco a Robert”, dijo sobre Ostiguy el propietario de una tienda de confecciones de Richelieu, Claude Genest. “Era inteligente, de buen corazón, optimista. No puedo creer que se haya quitado la vida”. Ostiguy era un próspero hombre de negocios y vendió su almacén el año pasado, cuando resultó elegido.

La mayoría de los entrevistados en Richelieu no sabía que el alcalde era miembro de esta secta. Según el periódico de montreal La Presse, fue captado a final de los ochenta y listado como administrador de Ste.-Anne-de-la-Pérade, entre Montreal y Québec, donde la secta se había hecho cargo de un viejo monasterio.

El editor de Le Journal de Québec dijo que habían existido rumores de que su reportera, la Sra. Grand’Maison, se había unido a la secta, pero que ella misma lo negó al ser preguntada directamente por él. Su marido, quien dijo que había formado parte de la secta durante diez años, nunca llegó a ser adepto a la misma, según sus propias declaraciones, y Jouret había presionado a su esposa para que le abandonara.

Según sus colegas del ministerio de finanzas, Falardeau no hizo pública su pertenencia al grupo. Partió hacia Suiza una semana antes del desastre, una ausencia no aprobada, y se esperaba que volviera pronto. (De “Three More Bodies Are Discovered In Canada in Ritual Deaths”, por Clyde H. Farnsworth, The New York Times, 10/6/94).

El líder

Jouret tenía dos facetas claramente diferenciadas: gente de dentro y de fuera del culto le han descrito como un hombre bueno y afable, con una mente clara y con un mensaje racional. Sin embargo, hay quienes le consideraban un líder irritable, rencoroso y arrogante, intolerante con la oposición y que exigía una obediencia estricta.

Rosemarie Opploger declaró a un periódico alemán que Jouret “no toleraba las críticas, gritaba a los discípulos que osaban responderle y les llamaba mentirosos. Según la Sra. Opploger, cuando Jouret perdía la paciencia, las luces de las paredes empezaban a encenderse y a apagarse como indicando “¿Veis? La ira del todopoderoso caerá sobre vosotros”.

Lo cierto es que Jouret era tremendamente serio y se consideraba a sí mismo un mesías con una misión de guerrero. (El tabernáculo descubierto en Suiza estaba adorado con dibujos que mostraban a Jouret como un mesías). Al igual que David Koresh en Waco o que Jimmy Jones en Jonestown, Guayana, era un paranoico que desconfiaba de todas las personas que vinieran de fuera del grupo. Las escuchas telefónicas de la policía le descubrieron hablando de forma inquietante sobre un “plan global” y advirtiendo a sus seguidores sobre la necesidad de estar alerta.

Cuando los que seguían fieles a Jouret en Quebec empezaron a cuestionar sus actividades financieras, él se volvió más irritable y vengativo, y fue entonces cuando volvió el año pasado a Suiza, llevándose a varios discípulos con él.

Jouret, casado y divorciado dos veces, tenía su diezmo de mujeres, según afirman algunos adeptos del culto. También se llevaba un pellizco de las carteras de los discípulos, sacándoles grandes sumas de dinero y, con [Joseph] di Mambro (un adinerado hombre de negocios de Quebec de quien se dice que es el cerebro de la organización) en el control financiero, invirtiéndolo en propiedades. Se dice que ha vivido en más de 60 casas de su propiedad en todo el mundo. (De “Luc Jouret and is Temple of Doom”, por William Marsden, The Gazette (Montreal), 10/15/94

A medida que pasaban los años, el comportamiento de Jouret se fue volviendo más excéntrico, y hacia 1990 algunos de sus colegas en la orden cuestionaban ya su estabilidad. Se quejaban de que sus predicciones sobre el fin del mundo se estaban volviendo demasiado específicas, y no les gustaba el control que parecía tener sobre algunos de sus seguidores. Según Jacques Larochelle, el abogado que representaba al grupo, a Jouret le retiraron la dirección del Templo Solar, cuya comisión ejecutiva abandonó en enero de 1993. (De “Apocalypse Now”, por Ross Laver, Maclean’s, 10/17/94, 14-17).

Creencias

Según el experto en nuevas religiones, J. Gordon Melton, las cartas testimoniales finales del culto suizo sugieren que “Su idea general era que se ofrecía la Nueva Era al público y que éste la rechazaba”, refiriéndose a las cuatro cartas que di Mambro y el Dr. Jouret habían enviado al experto suizo Jean Francis Mayer. Las cartas sugieren que el rechazo final fue la acción del gobierno canadiense. Según éste, el hecho de que ellos (di Mambro y Jouret) participaran en el suicidio indica que realmente creían en su labor “anunciando el fin del mundo”.

Según Melton, al Rosicrucianismo y a las visiones ocultistas de la Masonería Libre de la Edad Media, Joured añadía las teorías de supervivencia y las ideas apocalípticas del Libro de la Revelación. Según este mismo experto, el pequeño grupo de entendidos que había estudiado el Templo Solar creía que las muertes “eran el resultado del desacuerdo entre dos facciones del grupo, y no tenían carácter de ritual dictado por su líder”. También afirmó Melton que, después de años de estudiar grupos sectarios y espirituales, se puede establecer que “nunca hemos visto que la conspiración abarque a todo el grupo. A menudo encontramos líderes con diversos motivos.”

En opinión de Jouret, el Templo Solar creía que un grupo de seres evolucionados guiaba la historia. Para señalar un juicio cósmico, los Hermanos Mayores, miembros del Great White Lodge en el reino espiritual, abandonaron la tierra antes, en 1994, y dejaron instrucciones para líderes como di Mambro y Jouret. Las susodichas cartas, según Melton, “sugieren que decidieron no seguir cooperando con la humanidad decadente, que no había querido aceptar la invitación de los Hermanos Mayores a la Nueva Era, y planearon realizar un viaje hasta el siguiente estado de la existencia de forma completamente consciente.” (De “Swiss cult’s dogma detailed in letters”, por Larry Witham, The Washington Times, 10/15/94) [The Washington Times es propiedad de la Iglesia de la Unificación].

Elementos ocultos

La policía provincial de Quebec afirmó que el niño de tres meses que fue asesinado en Quebec durante la debacle del Templo Solar estaba considerado por el líder del culto, Joseph di Mambro, como el anticristo. La policía dice que el niño, asesinado junto con sus padres por dos seguidores suizos que tomaron inmediatamente después el avión hacia Europa para unirse a los demás, murió en un sacrificio ritual con una estaca clavada en el corazón. (Sus padres, Antonio Dutoit y Nicky Robinson Dutoit, trabajaban para di Mambro; ella hacía de canguro, él estaba encargado de la luminotecnia y de otros efectos especiales con los que se conseguía una atmósfera de otro mundo para algunas de las ceremonias del grupo.)

La policía afirma que di Mambro, quien decidía cuándo debían tener hijos las mujeres del grupo, y qué nombres debía ponerse a los recién nacidos, se enfureció cuando la Sra. Dutoit dio a luz a un niño el año pasado sin consultarle. Él pensó que el niño era el anticristo por esta razón, y también porque su nombre, Christopher Emmanuel, era igual al de su propia hija. (De “Québec Police Say Baby Was Target of Cult”, por Clyde H. Farnsworth, New York Times, 11/20/94).

Carl Raschke, catedrático de estudios religiosos en la Universidad de Denver [y miembro de la Junta Asesora de AFF, editor de The Cult Observer], declaró que el hecho de que algunas de las víctimas llevaran túnicas sugiere que sus sistemas de creencias les sitúan entre los grupos modernos que practican en secreto la magia ceremonial en un esfuerzo para conseguir poder personal.

“Las religiones basadas en el misterio, las sociedades secretas, eran la norma, y no la excepción, en el antiguo mundo pagano. Así pues, estamos ante la permanencia de la antigua magia pagana en nuestros días.” Raschke afirma que la tradición intelectual que se esconde en los grupos ocultistas como el de Jouret tiene sus orígenes en Aleister Crowley, un escritor inglés de principios del siglo XX, mago y fundador de sociedades secretas, la más famosa de las cuales es la Ordo Templi Orientis. (De “Victims in Mass Deaths Linked to Magical Sects”, por Gustav Niebuhr, New York Times, 10/13/94).

La división en el seno de los líderes precedió al fin.

La policía suiza afirma que es probable que una división en el grupo de líderes precipitara las muertes en masa. Jouret y el ejecutivo de HydroQuébec, Jean Pierre Vinet [también líder del Templo], “no estaban de acuerdo con la forma de trabajar de algunos gurús”, según afirmación de Le Matin, de Lausanne, que cita a un adepto a la secta. Ese diario dice que esas diferencias de orientación hicieron que Jouret perdiera su posición como líder del culto en Canadá a favor de Robert Falardeau, un funcionario de Quebec. The Gazette (Montreal) informó de que Falardeau se hizo con el control de la sección de Quebec de la Orden del Templo Solar en 1987, cuando Jouret empezó a intentar llevarse a algunos adeptos de la secta.

Jouret acabó marchándose en 1990 y, con la ayuda de Vinet, formó un segundo grupo que acabaría funcionando como fondo de captación para la sección europea, la Orden de la Tradición Solar. Según la policía, Vinet estaba en Suiza aparentemente en una “misión de paz”, para intentar acortar las distancias entre las secciones europea y quebequiana. Fue entonces cuando se produjeron los enfrentamientos. (De “Two leaders of rebel Québec clan sought as police probe cult deaths”, por Geoff Baker, Montreal Gazette, 10/12/94, A1, A2).

La organización

Aunque Jouret y sus seguidores mantuvieron en secreto sus actividades, él siguió dando charlas en público en defensa de la homeopatía, publicó un libro titulado Conscience and Medicine, y grabó una serie de cintas de cassette para “levantar conciencias” que siguen a la venta en algunas librerías de la Nueva Era y en tiendas de comida sana en Québec. También creó una organización escindida denominada la Academia para la Investigación y el Conocimiento de la Ciencia Avanzada, y realizó seminarios sobre el desarrollo personal para hombres de negocios. “El mensaje indicaba cómo conseguir una buena posición en los negocios”, comentó Herman Delorme, un ex-adepto y vendedor de seguros de Granby, Quebec, quien se unió al Templo Solar después de asistir aproximadamente a 20 seminarios de Jouret. Asimismo, Jouret captó a Jean-Pierre Vinet, director de proyectos de Hydro-Québec, y a través de él a otros 15 empleados, incluidos dos de los directores más antiguos y un vicepresidente. Hydro llegó incluso a pagar a Jouret para que realizara seminarios para sus empleados.