ENRIQUE CHUECA EL País, Sevilla – 04/12/1988

La muerte en un hospital de Sevilla de la joven de 32 años María Rosa Lima Sauz por presuntas prácticas sadomasoquistas ha provocado el encarcelamiento preventivo de seis personas, cuatro de ellas mujeres, que vivían, junto a seis grandes perros, en un chalé de Mazagón (Huelva). Tras el fallecimiento de María Rosa, el 4 de septiembre, la policía relacionó los hechos con una secta demoniaca identificada como el Espíritu del Gran Águila. En el curso de las diligencias instruidas empieza a desvanecerse tal hipótesis. Sin embargo, se mantiene que las mujeres mantenían “una relación extraña” y eran algo más que simples amigas.

Las fuentes policiales y judiciales consultadas no se ponen de acuerdo. Mientras que la policía asegura que la muerte de María Rosa Lima fue producto de “una autoflagel ación, pero inducida por alguien”, funcionarios Judiciales insisten en que eso está por demostrar. Estas últimas fuentes, próximas al juez que lleva el caso, Luis Lozano, titular del Juzgado de Instrucción de Moguer (Huelva), también rechazan la existencia de algún tipo de secta de sadomasoquistas. Por el contrario, la policía sigue hablando de “pequeña comunidad, círculo, célula o como se quiera llamar”, y justifica su afirmación no sólo en la relación que mantenían los encarcelados, sino por la profusa documentación hallada en el chalé donde vivían, entre la que se encuentran numerosas invocaciones al Espíritu del Gran Águila. La policía afirma que durante sus interrogatorios todos estaban “como en éxtasis”.La muerte de María Rosa se produjo en el hospital Universitario de Sevilla, después de que ingresara en estado de coma. Hasta ese centro la llevaron su ex marido, José Manuel Sánchez, de 32 años, administrativo de Telefónica, y una mujer que ha sido puesta en libertad. Según dijo Sánchez, él había sido llamado por las amigas de María Rosa, alegando que ésta se encontraba mal. Por ello decidió llevársela a Madrid, ciudad donde reside. Asimismo, afirma que durante el viaje advirtió la gravedad de María Rosa, por lo que decidió dejarla en el hospital sevillano y proseguir su viaje.

 

 

 

Heridas y arañazos

 

 

 

El cuerpo de María Rosa Lima presentaba numerosas magulladuras y arañazos presuntamente producidos por flagelos, además de golpes, pellizcos y gran cantidad de quemaduras ocasionadas probablemente por cigarrillos. También se detectó en el ano e intestinos de la víctima una sustancia conocida como Mepivacaína, anestésico local que se utiliza para insensibilizar las raíces nerviosas. Esto, unido a la presencia de seis grandes perros en el chalé donde vivía María Rosa, ha hecho pensar en relaciones zoofílicas, negadas por fuentes judiciales.

Las extrañas cicunstancias del suceso provocaron una investigación y el encarcelamiento preventivo del ex marido y de cuatro mujeres y un hombre que actualmente convivían en un chalé de Mazagón junto a la fallecida. Las primeras detenidas fueron Emilia Gallego Valdés, arquitecta de 33 años, y María Luisa Camacho Carrasco, de 43 años y licenciada en Historia, cuando ambas se encontraban, sobre las ocho de la tarde del día 21 de septiembre, en la estación de Huelva. Momentos después, a la entrada de esta ciudad, se detuvo a Ana Camacho Carrasco, de 40 años y hermana de María Luisa, y María Asunción Muñoz Álvarez, de 40 años, secretaria. Al día siguiente, en el chalé, se detuvo a Fernando Asanza, arquitecto, de 32 años. Acualmente se encuentran en la prisión de Huelva, excepto Ana Camacho, que permanece en la de Sevilla.

Todos decían ser un grupo de “amigos en paro” dedicados a cuidar a Ana Camacho, afectada por múltiples enfermedades que le impedían el sueño nocturno. Sobre Ana, que casi nunca salía a la calle, excepto para viajar a Madrid, recaen las sospechas de ser la vidente del presunto grupo de sadomasoquistas.

En Mazagón apenas se ha percibido la presencia de las mujeres -el hombre que actualmente convivía con ellas lo hacía de forma esporádica-, y quienes tuvieron algún trato les califican de personas correctas y educadas pero “muy extrañas”. Por su parte, el juez ha decidido modificar los motivos por los que los detenidos permanecen en prisión: de asociación ¡lícita a un presunto delito de omisión de socorro, falsedad de documento oficial -recetas médicas-, favorecimiento de consumo de sustancias psicotrópicas, amenazas y coacciones, y la posible implicación en la muerte de María Rosa.

El sueño de Ana

 

María Rosa, María Luisa, María Asunción, Emilia y Ana jamás plantearon problemas a sus vecinos, pese a que convivían junto a seis grandes perros, además de otros recogidos por la calle. Se sabe que siempre usaban chándals como vestimenta y que no frecuentaban bares, restaurantes ni centros de diversión.En cambio, sí acudían con asiduidad a la farmacia, para comprar analgésicos, Nolotil inyectable y centraminas. La empleada de la farmacia llegó incluso a advertir los múltiples moretones que presentaba en su cuerpo María Rosa Lima. Al preguntarle a qué se debían, María Rosa quitó importancia al hecho y respondió que los perros eran “muy juguetones”.

Juan Verdier, veterinario de Huelva, de unos 60 años de edad, es una de las pocas personas que llegaron a intimar con el grupo de amigas. A él acudieron durante casi año y medio para que cuidara a la perra propiedad de Ana -una hembra de pastor alemán de color rojo fuego- y a otros canes callejeros. Las continuas visitas derivaron en amistad, hasta el punto de que Juan y su mujer fueron invitados en varias ocasiones a tomar café en casa de las jóvenes.