The New York Times/Clarín, 27.05.1998

La secta religiosa japonesa Verdad Suprema, que mató a 12 personas e intoxicó a miles mediante un ataque con gas sarín al subte de Tokio en 1995, intentó en al menos otras nueve ocasiones concretar atentados con gérmenes mortales en zonas de Japón, aunque falló por el poco grado de virulencia de los microorganismos biológicos empleados.

La revelación del plan terrorista frustrado surge de una investigación del The New York Times basada en fuentes propias y testimonios judiciales en momentos en que en Japón la justicia de ese país condenó al médico de la secta, Ikuo Hayashi, a cadena perpetua por su participación en el ataque al subte.

El médico, un renombrado cardiólogo conocido en EE.UU., también aseguró que la secta había planeado lanzar el gas sarín sobre zonas del territorio norteamericano en junio de 1994. Es la primera vez que Estados Unidos es mencionado como blanco eventual de un ataque semejante.Al margen de la importancia política del juicio y el castigo a los responsables de un hecho que enlutó a Japón, los testimonios recogidos por el diario en ese marco echan luz sobre cómo podría operar el terrorismo del futuro.

Según los expertos consultados por el diario, el recurso a los agentes biológicos letales asoma como una hipótesis ominosa, pero para nada despreciable si se tiene en cuenta la relativa facilidad con que muchos grupos terroristas podrían conseguir cultivos biológicos mortales. Consciente de esta amenaza, el presidente Bill Clinton anunció días atrás una serie de medidas destinadas a reforzar las defensas contra los gérmenes, incluyendo el acopio de antibióticos y vacunas para su eventual distribución en sectores de la población de su país .

El sarín es un gas que paraliza el sistema nervioso central y puede causar graves problemas respiratorios. Su fórmula posee una variedad de flúor y fósforo orgánico. Una dosis de 0,5 miligramos es suficiente para matar a una persona. Fue desarrollado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, aunque nunca lo usaron. Los nueve ataques que perpetró la secta a inicios de los 90, en los que no hubo muertos, no fueron detectados en su momento. Su importancia fue descubierta recientemente por las autoridades niponas que investigan la secta, cuyo líder se encuentra encarcelado .

Con la esperanza de desatar una guerra civil en el Japón, Verdad Suprema arrojó peligrosos microbios y toxinas de gérmenes desde terrazas de edificios y convoyes de camiones. Varios de sus miembros que están siendo enjuiciados revelaron que los blancos incluían la Legislatura japonesa, el Palacio Imperial, los alrededores de la ciudad de Tokio y hasta la base norteamericana de Yokosuka, donde tiene su asiento la Séptima Flota de Estados Unidos y viven miles de soldados y sus familias.Según algunos funcionarios de Washington abocados a la tarea de levantar un sistema de defensa nacional contra los gérmenes, este tipo de ataques pueden llegar a ser más difíciles de concretar de lo que se pensaba. También aseguran que los gobiernos pueden hallar maneras de dificultarlos.

Pero, no obstante, centraron su preocupación en el hecho de que la guerra bacteriológica ya no es patrimonio exclusivo de Estados beligerantes -como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, en Vietnam o en la guerra del Golfo- sino que además está al alcance de extremistas con conocimientos científicos.Aunque la casi decena de ataques organizados por Verdad Suprema fracasaron, se supo que el grupo buscó bacterias letales en fuentes locales y una isla al norte de Japón.

También llegó a viajar al Africa a la caza de cepas del letal virus del Ebola. Ante este panorama, Washington intenta ahora limitar el libre intercambio de microbios entre científicos. A fines de los 80, la Casa Blanca quedó pasmada al saber que bancos de gérmenes usados por investigadores norteamericanos habían sido enviados accidentalmente a las fuerzas militares de Saddam Hussein en Irak.William Patrick III, un experto que fabricaba armas biológicas para EE.UU. antes de que Richard Nixon las prohibiera hace casi tres décadas, indicó que la restricción del comercio de gérmenes resulta esencial para la seguridad mundial.

El mayor obstáculo para los terroristas es conseguir el cultivo para bacterias más infeccioso y virulento, dijo. Por eso debemos vigilar adónde van. Durante décadas, la mayoría de los microbios era enviada a cualquiera que lo solicitara, sin importar el país y el destino final. Ahora, dicen los expertos, el tema afecta a la seguridad nacional de los países.Hoy hay más de 1.500 bancos de microbios en todo el mundo que manejan casi un millón de microorganismos, en muchos casos mortales.