RAMÓN MANTECÓN – Tokio – El País, 07/06/1995

El líder de la secta La Verdad Suprema, Shoko Asahara, junto con otros seis adeptos, fue acusao el martes por la fiscalía de Tokio de asesinato intento de asesinato por los 12 muertos y 5.400 intoxicados en el ataque indiscriminado con gas mortal sarín en el metro de la capital el pasado 20 de marzo. La fiscalía le acusa de ser el cerebro y mandante, mientras que los otros seis procesados fueron los ejecutores materiales del crimen.

El guru, que llevaba detenido sin cargos oficiales 22 días, lo máximo permitido por la legislación japonesa, ha afirmado que dirá toda la verdad en el juicio, y ha negado en redondo las imputaciones policiales. Sin embargo, la fiscalía asegura tener un caso a prueba de toda duda y basa sus acusaciones en las confesiones de los otros altos cargos de la secta detenidos. Han sido procesados asimismo otros nueve seguidores de la secta bajo el cargo de «preparación para el asesinato», a quienes las autoridades acusan de haber fabricado el gas letal, si bien no han obtenido pruebas fehacientes de su implicación directa en el ataque al metropolitano.Según fuentes de la fiscalía, el líder del comando que llevó a cabo el atentado fue Yoshihiro Inoue, ya en prisión, que desde su puesto de ministro de inteligencia fue el organizador del grupo que dispersó el sarín a la hora punta matinal. La decisión habría sido tomada personalmente por Asahara hacia mediados de marzo con el fin de despistar a los investigadores y evitar así las pesquisas masivas de la secta, sospechosa en aquel momento del secuestro de Kiyoshi Kariya, un notario de Tokio.

Seichi Endo, uno de los expertos químicos del grupo religioso, recibió órdenes directas del líder para fabricar el sarín dos días antes del atentado. En las actividades de preparación desempeñó un papel destacado Hideo Murai, ministro de ciencia y tecnología, asesinado a puñaladas en abril delante de la sede de La Verdad Suprema. Asahara prometió que los autores del ataque serían elevados, por méritos de combate, al segundo rango de importancia en la jerarquía sectaria.

La víspera del ataque letal, el comando ejecutor estudió directamente los horarios y las vías de escape del metro. Cada uno de sus miembros portaba dos bolsas con el gas mortal, si bien el director del hospital de La Verdad Suprema, se ofreció voluntario a llevar tres.