EFE – Tokio – 18/05/1995

Dirigentes de la secta La Verdad Suprema han confesado que las intoxicaciones mortales ocurridas el año pasado en otra ciudad japonesa se debieron al gas sarín y sirvieron para probar la eficacia del gas producido por sus expertos.Un día después de la detención de Shoko Asahara, fundador de la secta que parece haber ideado el atentado con gas letal en el metro de Tokio el pasado marzo, en el que murieron 12 personas, la policía comenzó a reunir pruebas de su culpabilidad en los envenenamientos de la ciudad de Matsumoto, en el centro de Japón, con el mismo gas.

Masami Tsuchiya, el experto químico que reconoció haber producido el gas letal en un laboratorio secreto de la secta, confesó en los interrogatorios que el sarín se usó en esa ciudad el 27 de Junio del año pasado, lo que causó la muerte por asfixia a siete personas e intoxicaciones a otras 600.

Fuentes de la investigación confirmaron que Tsuchiya entregó el gas a Hideo Murai, el ministro de Ciencia y Tecnología de esta secta organizada como un pequeño Estado, que fue asesinado por un ultraderechista hace unas semanas a las puertas de la sede de la secta religiosa en Tokio. Hideo Murai, según Tsuchiya, le dijo que lo «utilizaría», aunque no especificó cuándo ni dónde.

Éstas son las primeras pruebas que comprometen a un dirigente de La Verdad Suprema obtenidas por la policía y que relacionan directamente a la secta, que preconiza el fin del mundo para 1997, con aquellos envenenamientos, cuyos autores están aún por descubrir.

La mayoría de los muertos por inhalación de gas sarín en la ciudad de Matsumoto habitaban en una residencia en la que vivían dos jueces que tramitaban denuncias contra La Verdad Suprema.

Tsuchiya se ha convertido en pieza clave de las investigaciones policiales acerca de las actividades de la apocalíptica secta religiosa, cuyos líderes están acusados de homicidio e intento de asesinato por el ataque en el metro de Tokio, a la que también se atribuyen secuestros, fabricación de armas y suministro de drogas. El paso siguiente de las autoridades, según fuentes próximas a la investigación, es establecer si este atentado fue igualmente instigado y ordenado por Asahara.

Asahara niega

El guru de La Verdad Suprema ha negado todas las acusaciones en los primeros interrogatorios a los que fue sometido en la sede de la policía metropolitana de Tokio, adonde fue conducido el martes desde su cuartel general, en las faldas del monte Fuji.

La policía tampoco ha logrado obtener de él ningún dato nuevo que despeje la multitud de incógnitas que rodean a la. secta y al gas sarín y que han hecho vivir a los japoneses la sensación desconocida de la inseguridad ciudadana.

Asahara se ha acogido al derecho a no declarar, no sin haber reprochado a la policía el atrevimiento de acusarle de ser el cerebro del ataque en el metro, pues, según dijo, su ceguera se lo impide, ya que sufre un glaucoma que le impide la visión en uno de sus ojos.

Mientras tanto, la policía cree que el notario Kiyoshi Kariya, secuestrado por el escuadrón clandestino de la organización el pasado febrero, murió antes de que intentara asesinarlo con una inyección letal el médico lkuo Hayashi, dirigente que participó en el lanzamiento de gas en el metro, según confesó a las autoridades.

El último descubrimiento policial se hizo ayer, al hallarse una imprenta en la que la secta falsificaba carnes de conducir y escondía productos químicos necesarios para producir explosivos.