RAMÓN MANTECÓN – Tokio – El País, 16/05/1995

Su maestro le colmaba de elogios cómo «el genio de la práctica ascética». La policía, sin embargo, le acusa de ser el cerebro del ataque con gas mortal sarín en el metro de Tokio, que se saldó con 12 muertos y 5.400 intoxicados.Con 25 años, la edad de Yoshihiro Inoue, en Japón se puede aspirar, con un poco de fortuna, a hacer cola para entrar en las rigurosamente jerarquizadas cadenas de mando de cualquier institución. A esa misma edad, Inoue se había convettido en el ministro de Inteligencia y mano derecha de Shoko Asahara, el guru de la secta La Verdad Suprema, acusada por las autoridades de gasear el metro de Tokio a la hora punta el pasado 20 de marzo.

Buscado por todo el archipiélago como enemigo público número uno, los agentes del orden le pisaron los talones en un chalé de la prefectura de Ishikawa, 1.000 kilómetros al sur de Tokio, de donde escapó a mediados de abril, pocos instantes antes de que la policía cercára un recoleto refugio entre pinares. Entre los objetos abandonados por el fugitivo se encontraron una peluca y rastros de sangre en compresas médicas. Algunos medios señalaron que Inoue viajaba disfrazado de mujer. Otras fuentes afirmaron que se había modificado el rostro con la cirugía estética y raspado las yemas de los dedos para eliminar sus huellas dactilares, una práctica extendida entre sus correligionarios de La Verdad Suprema.

Cuando la policía le arrestó a primeras horas del lunes en un suburbio de la capital, tras ser reconocido en un semáforo, los únicos cambios de imagen apreciables eran un rostro impecablemente afeitado, contrapuesto a la poblada barba anterior, y el cabello teñido de rubio. La transformación de Inoue en acérrimo seguidor de Asahara se produjo durante sus estudios de bachillerato. Temeroso de padecer cáncer por la influencia de un mal karma (emanación del espíritu), se dedicó con ahínco a eliminar las ondas perversas volcándose en libros de sectas religiosas y fenómenos sobrenaturales. Un contacto fortuito con una publicación de Asahara en una librería le condujo hasta el dirigente, según narra el rotativo Asahi Shimbun.

Desde entonces, el discípulo fiel pasaba las clases de un colegio de élite con las piernas cruzadas y un walkman sempiternarnente pegado al oído para escuchar las grabaciones musicales y los sermones de La Verdad Suprema. El proselitismo que desarrolló entre sus colegas de estudios fue comedido y se limitó a suspender sus relaciones con los que hablaban sólo de mujeres. Pero una vez abandonados sus estudios, no sólo desoyó los consejos familiares para abandonar La Verdad Suprema, sino que convenció a una hermana y a su madre para que entraran en el grupo. En los años siguientes llegó a reclutar a unos mil seguidores, un décimo de los miembros de la secta.

La detención de Inoue se produjo poco antes de la orden de búsqueda y captura dictada por un tribunal de Tokio contra el líder Shoko Asahara y 40 de sus seguidores acusados de homicidio masivo en el metro de Tokio. La policía inició anoche un amplio operativo en 130 lo cales en todo Japón de la secta La Verdad Suprema. Los agentes penetraron en el edificio que servía de residencia del líder, en el pie del monte Fuji, pero Asahara había escapado. [La televisión japonesa informó anoche de la hospitalización de una decena de personas a causa de un humo de origen desconocido en una estación de metro en Tokio, según la agencia Reuter].