RAMóN MANTECóN – Yokohama – El País, 20/04/1995

“De repente sentí un olor apestoso y comencé a toser. No podía parar”, relataba uno de los afectados por el misterioso mal olor que esparció el pánico en la estación de Yokohama poco después del mediodía del martes. El testigo repetía con voz todavía trémula que varias personas situadas a su lado acusaron inmediatamente dificultades para respirar y ardor en la garganta. La policía reveló ayer que el gas que afectó a 304 ciudadanos, 17 de los cuales permanecían hospitalizados ayer, era fosgeno, un gas irritante, muy tóxico, utilizado en la I Guerra Mundial y parecido al gas mostaza que tantos estragos causó en la guerra del 14.

Era una mañana plácida de primavera y en la estación central de Yokohama, 25 kilómetros al sur de Tokio, pululaba un gentío inmenso. Oficinistas que finalizaban el almuerzo, secretarias ensimismadas ante los escaparates aprovechando los últimos minutos antes de volver al tajo y decenas de escolares uniformados camino de sus centros de estudios. Más de 300.000 personas utilizan las instalaciones y los servicios adyacentes compuestos por un centenar de tiendas, restaurantes y grandes almacenes. Seis empresas ferroviarias diferentes ofrecen sus servicios en un espacio laberíntico caracterizado por un complejo entramado de pasillos, sótanos y escaleras mecánicas.

El ulular incesante de las ambulancias, las sirenas de los bomberos, los ocho helicópteros que en pocos minutos comenzaron a sobrevolar las instalaciones, sumados al enjambre de policías, algunos equipados con máscaras antigás, hicieron rememorar instantáneamente el ataque con gas sarín en el metro de Tokio, el pasado 20 de marzo, que se cobró 12 víctimas mortales. La policía !detuvo ayer a Kiyohide Hayakawa, segundo de a bordo de la secta La Verdad Suprema, acusada del ataque con sarín.

La policía acordonó una sección del pasillo subterráneo y cerró varias galerías comerciales. Ante el temor de que el gas letal sarín hubiera sido utilizado de nuevo, los equipos sanitarios escrutaban escrupulosamente las pupilas de los heridos. El sarín afecta inmediatamente a la presión sanguínea y retrae e se órgano corporal. Según fuentes sanitarias, ninguno de los 304 ciudadanos tratados médicamente ha mostrado síntomas relacionados con una intoxicación de ese gas letal.

Los intoxicados repetían casi palabra por palabra, según iban siendo trasladados a los hospitales, los mismos signos de malestar general. “Estoy mareada y me pican los ojos”, se quejaba una señora en la treintena.

La policía, que reaccionó, según comentarios de algunos testigos, “con una agresividad inusitada, fruto lógico del nerviosismo existente”, implantó un imponente dispositivo de seguridad en el que participaron 6.000 agentes. Las fuerzas de seguridad están convencidas de que la aparición de los malos olores en dos sitios diferentes, uno en la galería comercial subterránea y otro en un tren -que arribó poco después a la estación, apuntan a un acto criminal intencionado.