RAMÓN MANTECÓN – El País, Tokio – 16/04/1995

La profecía apocalíptica de Shoko Asahara, líder de la secta religiosa La Verdad Suprema, que anunciaba para ayer un cataclismo en Tokio, esparció el pánico y obligó a la policía a desplegar un imponente dispositivo de seguridad. Al final de la jornada no se habían registrado ni la catástrofe descrita por Asahara ni una repetición del ataque con gas letal sarín del mes pasado que muchos temían.

La afluencia de público y el tráfico hasta primera hora de la tarde de ayer en el céntrico barrio de Shinjuku, la zona que según Asa hara sufriría en mayor grado las consecuencias del “terrible acontecimiento”, fue la mitad de lo habitual. Pero a medida que las horas transcurrían sin incidentes algunos rumores habían identificado la catástrofe profetizada con un seísmo volvió la calma. Las fuerzas del orden, criticadas por su incapacidad para resolver el envenenamiento con gas mortal en el metro y el atentado contra el jefe de la policía el pasado mes, consideraron que las predicciones de Asahara podrían es conder algún viso de realidad y despacharon 20.000 agentes para vigilar los puntos neurálgicos de la capital.

Los centros de ocio permanecieron bajo la constante atención de las fuerzas de seguridad ante el temor de que se reprodujera un atentado con gas venenoso. Algunas unidades del Departamento de Policía Metropolitana habían sido dotadas con máscaras antigás ante la posibilidad de un nuevo ataque con sarín. El aeropuerto capitalino de Haneda, centro del tráfico aéreo nacional, también permaneció bajo una vigilancia estricta.

Algunos miembros de La Verdad Suprema que habían asumido las profecías catastróficas publicadas el mes pasado por su maestro huyeron de la capital. Un portavoz del grupo religioso volvió a repetir que ellos no han sido los autores del atentado con gas mortal del mes pasado, que produjo 11 muertos y 5.400 intoxicados, y que no tenían intención de realizar ningún ataque el sábado. La secta es, según la policía, la principal sospechosa del suceso, si bien, hasta el momento, no hay pruebas. Un portavoz del grupo religioso extremista ha manifestado que Asahara, de 40 años, se encuentra muy grave, aquejado de cirrosis y con problemas cardiacos.