RAMÓN MANTECÓN – Tokio – El País, 04/04/1995

Mientras la policía avanza con lentitud en la resolución del envenenamiento masivo del metro de Tokio con el gas letal sarín, la secta La Verdad Suprema, principal sospechosa del mismo, ha contraatacado con grandilocuentes acusaciones de persecución religiosa estatal y desatado una guerra de religión, al implicar en el caso a Soka Gakkai, una de las sectas budistas más populares del país.Numerosos agentes continuaban ayer, por segunda semana ininterrumpida, las pesquisas en las instalaciones de La Verdad Suprema en Kamikuishiki, a unos 100 kilómetros al oeste de la capital. En el recinto, la policía ha encontrado decenas de toneladas de productos químicos, algunos de los cuales son indispensables para la producción del sarín, desarrollado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, pese al hallazgo de un complejo sistema de fabricación y de un laboratorio perfectamente operativo, las fuerzas de seguridad no han podido asegurar con certeza inequívoca que el gas sarín, causante de la muerte de 11 personas y la intoxicación de más de 5.000, se haya fabricado en Kamikuishiki. Portavoces de La Verdad Suprema insisten en que la planta se dedicaba a la producción de pesticidas y abonos para sus tareas agrarias.

Factoría química

Ayer se encontró una gran cantidad de anotaciones químicas detalladas para la fabricación de gas letal, así como diagramas explicativos y el nombre de los responsables de la factoría química. La documentación, informatizada, pertenecía a lo que en el organigrama del grupo religioso se denominaba “Ministerio de Investigación y Ciencia”.

La policía ha decidido llevar a cabo experimentos de laboratorio, con los componentes encontrados, para comprobar si resultaba posible fabricar el sarín en Kamikuishiki. Si los resultados fueran positivos, las investigaciones actuales fundamentadas en la presunción de que la secta “hizo preparaciones para ejecutar asesinatos en masa” recibirían una confirmación difícilmente rebatible, según fuentes policiales.

El portavoz de La Verdad Suprema, Fumihiro Joyu, aprovechaba una conferencia de prensa multitudinaria para entrar a saco en una guerra de religión con Soka Gakkai, una organización budista laica, con más de diez millones de adeptos y columna ventebral de Komeito, uno de los principales partidos fusionados en el Shinseito, el mayor partido de la oposición.

Joyu repitió una letanía que sus correligionarios han entonado con fervor en las últimas jornadas: “Sufrimos la persecución del Estado en una escala nunca vista en la posguerra”. Su discurso continuó con reproches feroces, aunque vagos -él mismo admitió que no disponía de pruebas- contra Soka Gakkai, a la que acusó de aglutinar una conspiración política que pretende aniquilar La Verdad Suprema.