EL PAÍS – Madrid – 20/04/1993

El pasado 28 de febrero, un centenar de agentes federales responsables del Control de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego se acercaron al rancho del Monte Carmelo, próximo a la localidad tejana de Waco. Su objetivo era detener a David Koresh, líder de la secta denominada de los davidianos, por tenencia ilícita de armas. Cuando se acercaban al edificio central del rancho, los agentes federales fueron tiroteados sin contemplaciones y sin previo aviso desde el interior del complejo. Cuatro policías y varios davidianos, entre ellos un niño, murieron. Se inició entonces un asedio que culminó ayer con el incendio del rancho.

La operación policial había sido cuidadosamente planeada durante nueve meses. Un agente se había infiltrado en la secta de los davidianos y abandonó el edificio sólo una hora antes del asalto. Todo parecía tranquilo. Pero el efecto sorpresa se frustró. Se baraja el hecho de que la operación se desarrollara a plena luz, pero no se descarta la posibilidad de que alguien pusiera en guardia a los davidianos.Convencido de que es la reencarnación de Jesucristo, David Koresh, de 33 años, se atrincheré en el edificio con más de un centenar de seguidores. Algunas informaciones aseguraron que había resultado herido en el estómago en el primer tiroteo. Durante años había acumulado gran cantidad de armas y parecía llegado el momento de utilizar las Centenares de agentes federales rodearon la casa donde se alojaba. Carros de combate y armas pesadas cedidas a la policía por el Departamento de Defensa han mantenido en su punto de mira el edificio del rancho durante casi ocho semanas.

Los ‘siete sellos’

Varios niños fueron liberados en los primeros días de asedio de la fortaleza en que Koresh había convertido el rancho Monte Carmelo. El 3 de abril, Koresh anuncié su rendición a cambio de que se emitiera un mensaje apocalíptico a través de la radio. Sin embargo, sólo dos mujeres y 16 niños abandonaron el edificio. Las mujeres comentaron que en el interior de la casa había varios heridos, pero los seguidores de Koresh izaron una bandera de David en uno de los pabellones del rancho y permanecieron junto a su padre espirituaL Koresh explicó que no debía entregarse porque había recibido órdenes directas de Dios. Sus fieles le acompañaron a la espera de que Jesucristo les revelara el contenido de los siete sellos, revelación que les permitiría el acceso directo a la eternidad.

La presunta grave herida de Koresh llevó a los agentes federales a prever un rápido desenlace de los hechos. Pero David Koresh estaba decidido a resistir. Las autoridades accedieron a proveer a los sitiados de leche y cereales y asistieron impotentes a la entrada en las instalaciones de dos nuevos miembros de la secta que sortearon el sitio impuesto por las fuerzas de seguridad.

Las negociaciones parecían estancadas. Ante la evidencia de que el asedio iba para largo, el Buró Federal de Investigación (FBI) decidió cambiar de táctica. La nueva estrategia pretendía desenmascarar la dimensión trascendental de Koresh; se trataba de demostrar que el líder de la secta no era Jesucristo. La casa fue rodeada con focos y potentes altavoces que cada noche emitían sin cesar música tibetana y todo tipo de irrelevantes cancioncillas. Los agentes federales buscaban minar la resistencia y la paciencia de los davidianos.

La llegada de la Semana Santa y la celebración de la, Pascua judía llevó al FBI -cuya eficacia fue puesta en duda desde el fracaso de la operación inicial y el prolongado asedio- a abrigar esperanzas. Pero Koresh, en una de sus últimas conversaciones con los sitiadores, explicó que estaba escribiendo un libro. sobre la inminencia del fin del mundo en el que revelaría el contenido de los siete sellos. El fuego desatado ayer seguramente convirtió en cenizas su obra.