J.A.H., – Madrid – El País, 06/02/1999

En algunos pasajes de su extenso escrito de acusación, la Fiscalía de Madrid define a la Cienciología como “una organización extremadamente peligrosa” que se parece más “a una secta” que a una religión. Una peligrosidad manifestada, según el fiscal, en las investigaciones que desarrolló la Cienciología en busca de trapos sucios para intentar desacreditar a periodistas, a la ex diputada Pilar Salarrullana e incluso al propio juez de Madrid que desarrolló la investigación, el hoy magistrado de la Audiencia Provincial de Madrid José María Vázquez Honrubia. Tal fue la presión sobre el juez, que éste optó por inhibirse de la investigación, aunque antes ordenó una redada que acabó con 37 detenidos. La operación fue bautizada como Operación Rocío y se produjo el 20 de noviembre de 1988. Un total de 71 dirigentes nacionales e internacionales de la Cienciología se hallaban reunidos ese día en un hotel de Madrid.

Tras una ardua investigación que había comenzado un año antes, el juez dictó ese día 37 órdenes de detención y ordenó el registro de las 19 sedes (Narconón y Dianética) que por entonces poseía en Madrid Cienciología, y de otras distribuidas por Valencia, Barcelona, Bilbao, Alicante, Sevilla y Jerez. Muchos quedaron en libertad tras prestar declaración, pero otros, entre ellos el jefe máximo, Hebert Jentzsch, fueron encarcelados. Jentzsch, que reside en Estados Unidos, es el principal inculpado en el juicio que prepara la sección cuarta, que preside Pilar Oliván.

Ronald Hubbard, fundador de la Cienciología, propugnaba una doctrina enfocada a purificar a la persona liberándole de los agentes nocivos que le despersonalizan. Dibujaba un mundo en el que, mediante una especie de cursillos y actuaciones sobre la mente humana, la persona podía liberarse de las drogas y expurgar sus males físicos. Para ello debía someterse a una cadena de cursillos y una feroz disciplina, contenida en lo que Hubbard denominó los códigos de ética. Más que regular la convivencia, esa normativa era un auténtico Código Penal, destaca el ministerio público. Incluía severos castigos para los adeptos díscolos, desde los traslados forzosos y el confinamiento acompañado de “trabajos rigurosos”, hasta claras amenazas de revelar la conducta sexual y vivencias de las personas, adeptas o no, consideradas dañinas para la organización.

En realidad, sostiene el fiscal, detrás de Cienciología subyace un montaje guiado por un “obsesivo y desordenado afán de lucro y enriquecimiento”.