‘Las Hermanas de Belcebú’

El Periódico Mediterráneo, 26.02.2012

Hay culebrones que en la actualidad cotidiana de Castellón y sus comarcas se repiten y aparecen en las páginas de los rotativos como serpientes de verano. Un tema recurrente en la prensa local es el de las sectas satánicas que desde mediados de los años ochenta, cuando al parecer proliferaron este tipo de colectivos, marcan la actualidad más morbosa en los medios de comunicación. Estas noticias sobre sectas, aquelarres más o menos orgiásticos y atentados contra los camposantos, en Castellón tienen a unas singulares protagonistas que son Las Hermanas del Halo de Belcebú, una organización satánica que al parecer opera desde mediados de los años ochenta en varios municipios de la Plana Baixa aunque nunca nadie ha conocido a alguna de sus socias. La primera mención a Las Hermanas del Halo de Belcebú apareció en las páginas de Mediterráneo en aquel mes de febrero de 1987 cuando una mujer, de la que no se desveló su identidad, denunció que en un piso de Vila-real, situado junto a la antigua Torre Motxa, se celebraban misas negras en las que se adoraba al diablo. Aquella noticia causó un auténtico revuelo en la población y medios de comunicación de ámbito nacional, que ya practicaban la hoy muy popular telebasura, se hicieron eco de las mismas. La Policía aseguró que iba a iniciar una investigación sobre esta secta y sus prácticas nigromantes, pero nada se pudo sacar en claro por el gran hermetismo con el que se encontraron los agentes en los ambientes que están relacionados con las prácticas de la magia negra.

A los pocos días de conocerse la estas oscuras prácticas en Vila-real, una nueva denunciante anónima reveló que en la Vall d’Uixó también se celebraban este tipo de rituales y que varias mujeres formaban parte de la siniestra cofradía satánica de Las Hermanas del Halo de Belcebú. Y como en Vila-real, la psicosis se adueñó del municipio de la Plana Baixa, donde se levantó un clima de sospecha que alteró la normal convivencia en el pueblo. Así lo dijo el alcalde vallero, Vicente Zaragoza, quien dudó de la veracidad de estas informaciones y, en cualquier caso, las achacó a la superchería de gentes sin cultura y fácilmente manipulables. Pero lo cierto es que en el término municipal de la Vall aparecieron varios objetos utilizados en la celebración de las misas negras, lo que provocó más misterio sobre la existencia de estas sectas satánicas