Miguel Perlado, especialista en sectas: «Sin su líder los miembros habrán cerrado filas y estarán fanatizados»

By |2016-11-13T08:28:00+00:0016 diciembre, 2014|Orden y Mandato de San Miguel Arcángel|

El Progreso de Galicia (España), 16.12.2014

El arresto del líder de ‘los miguelianos’ puede dificultar la recuperación de la treintena de personas que se mantenían fieles a él en el momento de su detención. Porque a veces el intentar ayudar al que está dentro de una secta pasa por «aguantarse y callarse mucha cosas», sin atacar frontalmente a la organización de la que forma parte.

Según el psicoterapeuta especializado Miguel Perlado, quienes se han quedado «descolgados emocionalmente porque se deshizo el grupo pueden haber quedado aún más fanatizados y estar tremendamente en contra de los familiares», a los que culpan de su desamparo. Lo más frecuente, en estas situaciones, es que «tiendan a organizarse como un núcleo todavía más duro y cierren filas en torno al líder, al que ven como una víctima», o incluso que surja un nuevo gurú dispuesto a ocupar el escalafón más alto de la jerarquía.

Para llegar a ellos, y ayudarles a romper la coraza formada por años de intenso y sistemático adoctrinamiento, este experto aconseja a las familias que se pongan en manos de profesionales especializados, porque «no basta con voluntad» y las terapias comunes no funcionan. En casos en los que la secta no ha sido desarticulada, Perlado trabaja con la técnica del ‘exit counseling’, que requiere trabajar con los parientes y amigos, pero en el de la orden de Oia la situación es aún más compleja, porque la denuncia pública realizada por las familias las ha convertido en el malo de la historia a ojos de sus seres queridos. «Hay que trabajar con ellos para que desarrollen estrategias afectivas de acercamiento», explica el psicoterapeuta, consciente de que no es fácil establecer un diálogo en profundidad cuando hay tantas emociones en juego. Más aún cuando se mezcla la culpa, porque fueron los padres quienes en su día introdujeron a sus hijos en la Orden de San Miguel. Y ahora no pueden obligarlos a seguir una terapia ni a ingresar en un centro, porque por sí solo no serviría de nada. Y menos en casos como el de Marta Paz, que ingresó en la organización siendo una niña.

«Lo estamos observando con la atención terapéutica a segundas generaciones; sino han tenido un pasado previo a su ingreso en la secta se complica mucho la recuperación», admite Perlado. «Y cuando además quedan envueltas por este halo mediático…¡uf!»

Eso sí, asegura que «no hay situaciones imposibles». «Si hay algo que puede provocar un cambio es la fuerza del amor desinteresado y sincero». El índice de recuperación oscila en torno al 65%, pero hay un importante margen de recaídas. El tratamiento suele requerir un mínimo de un año «para empezar».

Pese a lo inmunes que nos podamos sentir, Perlado advierte de que «cualquiera en un momento crítico de su vida es susceptible a la seducción sectaria. Aunque tenga dos carreras universitarias». Porque no es un problema racional, sino relacional. Y, aunque no hay un único perfil, estos grupos buscan sobre todo jóvenes idealistas con ganas de ayudar, personas productivas y cualificadas a las que explotar.