Ir de cooperante a ayudar a refugiados y acabar abducido por una secta

By |2016-04-26T17:17:19+00:0026 abril, 2016|Nueva Acrópolis|

VICE NEWS (España), Quique Badia, 26.04.2016

La firma del acuerdo entre Turquía y la Unión Europea (UE) — efectivo desde primeros de abril — provocó un incesante degoteo de anuncios de ONG que hasta finales de marzo operaban sobre el terreno, en los que se negaban a ser cómplices de las deportaciones previstas y en los que difundían que abandonarían los centros de detención. Y hubo quién lo supo aprovechar la mar de bien.

La Asociación REMAR España (Rehabilitación de Marginados) divulgó por aquellas fechas la noticia de la apertura de una guardería y un comedor para los refugiados en el puerto griego de El Pireo, coincidiendo con el anuncio del abandono de Médicos Sin Fronteras (MSF) del centro de detención de Moria, en la isla helena de Lesbos. Miembros de esta organización, que dice luchar contra la marginación, se jactaban a mediados de este mes de ser la única que permanecía en este centro.

Pero exintegrantes de la mencionada ONG denuncian que detrás de este supuesto altruismo se esconde una secta que ampara explotación laboral y la manipulación psicológica, así como la prédica del sometimiento de la mujer y postulados homófobos.

El fundador de REMAR, Miguel Díez, es a su vez impulsor de la Iglesia Cuerpo de Cristo, que cuenta con unos 80 templos en España. En 2010, la cesión de unos terrenos a esta organización desató protestas vecinales en una barrio de Zaragoza. Díez se significó por afirmaciones tipo “hay hijas que seducen a sus padres y luego dicen que las han violado” y por comparar a los homosexuales con el diablo.

“REMAR es un grupo ya conocido, se dedica a la rehabilitación de marginados, pero en sus prácticas hay un claro paralelismo con un comportamiento sectario, precisamente a través del aislamiento que ejercen y el adoctrinamiento dentro de un discurso evangélico”, explica a VICE News el psicólogo y especialista en sectas Miguel Perlado.

A día de hoy los tentáculos de esta secta se extienden hasta en 70 países y controla varios medios de comunicación; radios y televisiones. En 1997 Human Right Watch (HRW) denunció abusos contra niños guatemaltecos en las instalaciones de esta supuesta ONG.

Utilizar la ayuda humanitaria y la cooperación social para ofrecer una cara amable y a manera de aparato de captación para una secta es una práctica recurrente. Con el inofensivo nombre de Grupo de Ecología Activa (GEA) se conoce uno de los llamados círculos de la secta Nueva Acrópolis (NA).

VICE News habla con Anahí, quien fue miembro durante 8 años de esta supuesta organización filosófica hasta que la acabó abandonando. Su posición respecto a NA es ambivalente, pues entiende que lleva a cabo una tarea encomiable para la ayuda de quienes más lo necesitan, a la vez que reconoce que coharta la autonomía de sus integrantes, premiando la obediencia y posibilitando un ecosistema en el que los abusos pueden suceder.

NA fue fundada en 1957 en Argentina por el ya fallecido filósofo y escritor Jorge Ángel Livraga Rizzi. Ella cuenta que en este colectivo pervive un fuerte culto a su figura, cuyo puesto hoy ocupa la bonaerense Delia Steinberg Guzmán. A ambos se los conoce por las siglas de sus nombres y apellidos: JAL y DSG.

Por debajo del mando hay una organización con una imponente estructura piramidal que cuenta con coordinadores continentales y en cada país. En España es la periodista y doctora en antropología María Dolores Fernández-Fígares quién está al mando. NA promovía el ascenso de sus miembros, cuál organización militar, dando el estatus de Fuerzas Vivas a sus integrantes más activos. Anahí llegó a este nivel.

Esta joven de 29 años recuerda de qué manera este colectivo ejercía una coacción sutil sobre ella. En NA está previsto un sistema de condecoraciones que puede ser revisado ante el no cumplimiento de un requerimiento de un superior.

Anahí explica que al excusar su presencia a un encuentro de Fuerzas Vivas tras el nacimiento de su sobrina, fue castigada por su superior con la expulsión de esta especie de cuerpo de élite durante unos meses. Ella integraba las llamadas Brigadas Femeninas, y rememora el sutil chantaje emocional a que la sometieron en aquel entonces.

Uno de los aspectos más controvertidos de esta secta es el fuerte componente militar que la atraviesa. Anahí afirma que “portaban estandartes y disponían de un cuerpo de seguridad propio”, el Cuerpo Soldado (CS), que acompañaba a las chicas de NA hasta sus casas. Revive con especial cariño las clases de autodefensa que tomó en aquel entonces.

VICE México entrevistó en 2014 a un exmiembro del CS en ese país que aseguraba haber recibido entrenamiento paramilitar en los bosques, sufriendo humillaciones de todo tipo y sometiendo a los reclutas bajo su cargo a baños de agua fría.

“El abuso toma diversas modalidades. Tiene toda una gradación. Cuando hablamos de abuso psicológico ya descartamos la presencia de violencia física, pero es que el abuso psicológico tiene una amplia escala que puede ir desde a aislar el individuo hasta encerrarlo en un micromundo donde los parámetros ya están delimitados de antemano y donde se busca una conformidad grupal”, añade Miguel Perlado.

Perlado se refiere a iniciativas como GEA como “vitrina atractiva” que en su “trastienda” esconde otra cosa. Sostiene que la imposición de tareas genera una extenuación en los individuos que abre la puerta a tratamientos abusivos.

Anahí recuerda el abandono de la secta con el que hoy es el padre de su hija. Los trataron de “herejes”, y borraron su recuerdo. Asegura que nunca sufrió violencia y equipara el entorno coactivo de NA a un entorno familiar sobreprotector, reconoce que aprendió mucho de esa experiencia y dice conservar a muchos amigos, hoy “herejes”, que conoció en la secta.

Aunque también cuenta que su salida no produjo una reacción en este grupo que invitara a visitarlo después para preguntarles qué tal les va todo.