Las terapias antigay están en medio de una batalla legal

Hoy (Ecuador), 20.01.2013

Según la OMS, esos tratamientos carecen de sustento médico y son considerados una amenaza para la salud

¿Puede la orientación sexual de la gente atraída por personas del mismo sexo ser corregida con una terapia?. La pregunta puede resultar fuera de lugar en estos tiempos para muchas personas, pero, las llamadas terapias reparativas o de conversión, existen y causan preocupación a escala mundial.

El mes pasado, el gobernador de California, Jerry Brown, aprobó la Ley SB-1172 o Sexual Orientation Change Efforts (Esfuerzos por cambiar la Orientación sexual), que fue promovida por el senador Ted Lieu.

La norma, que prohíbe las terapias reparativas, en especial a menores de edad, debía entrar en vigencia el 1.° de enero, pero no fue posible porque el grupo cristiano Pacific Justice Institute planteó una demanda.

Además, la organización conservadora Liberty Counsel, interpuso un recurso en una corte federal de Sacramento para suspender su aplicación.

Su fundador, Mathew Staver, sostiene que la ley esconde una motivación política, que nada tiene que ver con la ciencia.

Los detractores de la ley dicen que es una intromisión en el derecho de los ciudadanos, porque pretende impedir que, quienes experimentan de forma indeseada una atracción por personas del mismo sexo, reciban asesoramiento acorde con sus creencias y principios.

A fines de diciembre, tres jueces de la Corte del noveno Circuito de Apelaciones de Estados Unidos accedieron a congelar su vigencia, hasta que se decida sobre su constitucionalidad.

La terapia reparativa se utiliza principalmente en las comunidades religiosas conservadoras, porque consideran que ser homosexual es pecado.

Se basa en la suposición de que la homosexualidad es un trastorno mental, hipótesis que ya fue rechazada por la psiquiatría convencional en 1973.

Pero el tema aún genera controversia a escala mundial porque, mientras esas terapias son consideradas perjudiciales por la comunidad médica y rechazadas por quienes las padecieron, son avaladas por quienes dicen haberse curado.

La ley plantea someter a psicólogos, psiquiatras y otros profesionales de la salud mental a acciones disciplinarias sobre sus licencias en caso de que den terapia a menores buscando cambiar su orientación sexual.

La ley se basa en un informe elaborado en 2009 por la American Psychological Association (APA), según el cual la depresión, la tendencia suicida y la ansiedad son efectos negativos causados por esas terapias.

El comité que redactó el informe de la APA no ocultó su frustración debido a la falta de datos rigurosos que permitan determinar hasta qué punto es o no perjudicial someterse a ese tipo de tratamientos.

También constató la existencia de pacientes que aseguran haber dejado de ser gay gracias a esos tratamientos y continuaron su vida como heterosexuales.

Pese a ello, la APA no recomienda esas terapias, por considerar que hay insuficientes evidencias que las justifiquen pero, sobretodo, porque considera que la homosexualidad no es una enfermedad mental sino una variación positiva de la sexualidad del ser humano.

Staver desestimó el informe de esa organización. Dice que fue hecho por personas favorables a la homosexualidad.

Según Christopher Stoll, del National Center of Lesbian Rights, esos tratamientos no funcionan y son un riesgo serio, en especial para los jóvenes.

Según él, los menores de edad tienen una probabilidad ocho veces mayor de suicidarse cuando son rechazados en la familia por causa de su preferencia sexual. (MEVO-EFE)

2011: 30 centros fueron clausurados en Ecuador

Hace dos años, en Ecuador fueron clausuradas cerca de 30 clínicas ilegales que consideraban a la homosexualidad como una enfermedad y ofrecían una serie de tratamientos para curarla.

Colectivos homosexuales estiman que podrían existir unos 200 centros más de ese tipo.

Por ello, el Ministerio de Salud, ahora al mando de Carina Vance, lesbiana y activista de los grupos de defensa de las personas gay, lesbianas, bisexuales y transexuales, pidió a la comunidad denunciar la existencia de ese tipo de centros.

Según Karen Barba, vocera de la fundación Causana, esas clínicas operan detrás de centros de rehabilitación para personas adictas al consumo de drogas.

Los tratamientos para combatir la homosexualidad van contra la Constitución ecuatoriana, que reconoce el derecho a la diversidad sexual. En 2011, Paola Ziritt, de 28 años, estuvo dos años en un centro, en donde fue víctima de abusos. Aseguró que, por tres meses, la tuvieron esposada en una habitación oscura a la que llamaban “la sauna” y que incluso fue abusada sexualmente.

Demandas y testimonios sobre varios abusos

Una de las numerosas instituciones que cuestionan la validez de las prácticas para “curar” la homosexualidad, es la división regional americana de la Organización Mundial de la Salud (PAHO). En mayo del año pasado, calificó esas terapias como una amenaza para la salud y carentes de justificación médica.

A fines de 2012, cuatro personas demandaron en Nueva Jersey al centro Jews Offering New Alternatives for Healing (Jonah) por prácticas engañosas y fraude. Ellos dijeron durante el juicio que pagaron miles de dólares por tratamientos para erradicar su homosexualidad. Las terapias incluían estar desnudos, tocarse, ataques físicos y verbales e incluso hablar mal de sus madres. David H. Pickup, quien dijo que es homosexual y que tiene en Los Ángeles una clínica de terapia reparadora, sufrió abusos sexuales cuando era niño.

De adulto se sometió al tratamiento que ahora enseña y que, según afirma, le salvó la vida y elevó su estima y atracción por las mujeres 100%. Le preocupa que si se aprueba la ley SB-1172 deberá cerrar su centro.

Métodos inútiles y peligrosos

para Christopher J. Ferguson, profesor de Psicología y Justicia criminal en Texas A&M International University, en Laredo, las terapias que pretenden corregir a las personas homosexuales son odiosas y peligrosas.

Sin embargo, advierte que prohibirlas no sirve de nada. Desde su perspectiva, el debate más bien debe llevar a analizar el papel que juegan los gobiernos en la promoción de la igualdad de las minorías reprimidas.

Su principal evidencia a favor de la terapia reparativa nació en 2003, de un informe de Robert Spitzer, del New York State Psychiatric Institute, publicado en la revista Archives of Sexual Behavior.

El informe dice que varios participantes se identificaron como heterosexuales después de la terapia.

Ferguson precisa que el estudio no analiza las inclinaciones sexuales reales o las fantasías eróticas y dice que la muestra fue de conservadores religiosos deseosos de identificarse como heterosexuales.

Spitzer fue duramente criticado y, en 2012, pidió disculpas a la comunidad gay.

Ferguson concluye que las evidencias sugieren que la terapia reparativa es inútil e incluso peligrosa.