Las sec­tas no son siem­pre gru­pos re­li­gio­sos

By |2015-10-18T21:28:15+00:007 septiembre, 2014|Fenómeno sectario|

La Voz del Interior (Argentina), Sergio Carreras, 7.09.2014

“El gu­rú de bar­ba y tú­ni­ca blan­ca es­tá en desuso. Hoy pre­do­mi­nan los hom­bres de traje y cor­ba­ta”. “Las sec­tas pri­me­ro bus­can po­der. Cuan­do con­ven­cen a la gen­te de sus do­nes, di­rán que ne­ce­si­tan di­ne­ro”..

Miguel Perlado fue el primer especialista al que recurrió el Gobierno de Córdoba para comenzar a hacer realidad la ley provincial 9.891 de asistencia a víctimas de sectas y a sus familiares, aprobada en 2011. Llegó para capacitar a funcionarios de la Dirección de Asistencia a la Víctima del Delito, jueces, fiscales y policías judiciales. Su interés por el tema surgió porque, contó, nació en un ambiente familiar muy influenciado por una organización religiosa coercitiva y porque uno de sus mejores amigos se perdió en una secta.

–¿Qué son las sectas? ¿Existen?

– Por secta entendemos una dinámica de grupo que, con independencia del elemento doctrinal, se estructura y funciona bajo la presencia de un liderazgo carismático, con una verticalidad clara que exige una obediencia ciega y que además genera un daño a los seguidores. En mi experiencia, es innegable que las sectas existen. En un sentido más amplio podemos hablar de relaciones sectarias. El término secta es un poco incómodo, parece que se está señalando o juzgando a algún grupo por su doctrina, o porque se desvía de algún tronco principal.

–El término tiene una carga prejuiciosa.

– Es una calificación prejuiciosa, pero la definición que manejamos los profesionales de la salud mental es una definición adoctrinal, esto es, con independencia de la doctrina. Significa que cualquier grupo humano puede llegar a sectarizarse desde unos parámetros determinados: un liderazgo carismático, una exigencia de una obediencia ciega incondicional, una sumisión y una explotación creciente de las personas y el empleo de mecanismos de manipulación psicológica sistemáticos sobre las personas o sobre una parte importante de las personas. En sentido amplio, la expresión “relaciones sectarias” apunta también a ese tipo de relaciones entre dos o más personas en las cuales una acaba tomando el control progresivo de la vida de la otra.

–Es una definición muy amplia y trasciende la idea común de que este fenómeno sólo ocurre en grupos religiosos

– Absolutamente. De hecho, el fenómeno de las sectas que emerge a finales de los ’60 y principios de los ’70 queda muy vinculado con el ámbito religioso, pero la experiencia clínica nos muestra que hay infinidad de grupos de índole muy diversa con un doctrinario no exclusivamente religioso que se puede organizar sectariamente; no son siempre grupos religiosos.

–El mundo empresarial o el ámbito familiar, por ejemplo, ¿pueden ser lugares donde se reproduzcan esas relaciones sectarias?

– Pueden llegar a reproducirlas si confluyen estos parámetros, evidentemente. Es innegable que todos los terrenos que tienen que ver con las convicciones, con la fe, con las creencias, siempre pueden terminar siendo más susceptibles de acabar sectarizados, pero desde luego que hay otros ámbitos. Podemos hablar de estructuras con funcionamiento sectario de corte comercial, de corte seudopsicoterapéutico, de corte seudopolítico, es decir que se pueden organizar de muy diversas maneras y por lo general el doctrinario siempre es una excusa que emplean para legitimarse socialmente y evitar cualquier tipo de crítica o parapetarse frente a ellas.

–Y cuando se habla de abusos en estos ámbitos, ¿qué se quiere decir?

– Que incurren en una actuación que termina transgrediendo los derechos de las personas y que, con el pretexto de ayudar a ser mejor, acaban en una explotación creciente y progresiva. Son situaciones en que las personas pueden ser doblegadas en su voluntad y realizar acciones que no habrían hecho si no hubieran estado sumidas en ese contexto.

– En Argentina ya comenzó a hablarse de legislar sobre el tema.

– Hay países que ya han legislado. Está el caso de Francia, que tiene un dispositivo legal específico por el cual incluso puede llegar a disolver agrupaciones que pudieran incurrir en dinámicas de sectarismo. Es al menos un dispositivo que permite llevar a los tribunales determinadas situaciones de abuso flagrante. También Bélgica y Alemania disponen de dispositivos legales que pueden llegar a accionar sobre estos grupos.

–¿Cree que los jueces tienen las manos atadas frente a estas prácticas debido a la falta de herramientas legales?

– En el caso de España – aunque disponemos de un epígrafe bien claro en el Código Penal que especifica que pueden llegar a ser punibles aquellos grupos que emplearan mecanismos de control de la personalidad–, todavía es una disposición legal que no ha sido aplicada en el caso de las sectas por la dificultad de la prueba pericial. También hago peritajes en tribunales, y justamente la ausencia de una legislación específica dificulta mucho al técnico poder encuadrar el tipo de vulneraciones y delitos que cometen estos grupos.

– Los grupos suelen defenderse diciendo que están atacando su libertad de culto.

– Es una falacia y un parapeto que utilizan todos. No estamos encauzando ni enjuiciando el doctrinario ni las ideas de ninguna persona. Es más, la práctica nos enseña que lo que hace la mayor parte de estos grupos es un mal uso de determinadas doctrinas. Incluso se han inventado eufemismos desde la sociología, como el de “nuevos movimientos religiosos”, aunque no son nuevos porque suponen un refrito y ensamblado de tradiciones, y tampoco son religiosos porque distan mucho de una praxis religiosa. Se parapetan en eso para que ningún crítico pueda emitir valoración alguna, y con ese pretexto de que la libertad religiosa varía según cada país, si uno critica a estos grupos en Alemania, es un nazi; si los critica en España, es de la Inquisición; se adaptan al imaginario de cada país.

–Igual, lo que se cuestiona son las consecuencias perjudiciales que tienen sobre la vida de algunas personas, no sus creencias.

– Lo que uno puede valorar son las acciones, la estructura y el funcionamiento del grupo, con independencia del doctrinario y las ideas. Da igual que el grupo postule el crecimiento personal, la salvación eterna, un producto revolucionario o unos jabones mágicos y todopoderosos. Es la sistemática, la atracción de nuevos miembros, la voracidad del grupo por parasitar y explotar a la mayor parte de ellos, de explotarles, doblegarles, someterles, porque son estas dinámicas las que preocupan. Se da la paradoja de que los grupos dicen que se los ataca por cuestiones religiosas, y uno queda como encadenado sin poder emitir un juicio o una valoración externa. La doctrina es a veces una cortina de humo, una fachada con la que atraen a las personas para luego hacer otras cosas con ellas.

– Muchos de estos grupos ponen además el acento en la búsqueda de rédito económico.

– Hay una idea extendida de que estos grupos buscan dinero. Pero no, primero buscan poder. El poder traerá el dinero. Si yo te convenzo de que tengo un don único y maravilloso que recibí mágicamente, tu convencimiento arrastrará a los demás, y cuando consiga que todos ustedes me veneren, os diré: tenemos un proyecto pero nos falta plata; si pudierais colaborar… Pero no lo pediré, y gustosamente las personas lo darán. De manera que cuando vayan ante el juez y les pregunten si ese dinero lo dieron por coacción o voluntariamente, con una gran sonrisa dirán que lo donaron porque quisieron. Pero es que en el ínterin fueron sucediendo cosas que influyeron para que al final gustosamente donaran su coche, su casa, su cuenta bancaria, dieran su diezmo…

–¿El control impositivo sobre estos grupos sería de ayuda?

– Seguramente. Desde diversos flancos se puede legislar mejor. Desde el flanco económico, si cumplen con sus requisitos fiscales, por el uso del espacio público, ver si tienen sus permisos o no, porque siempre están bordeando el límite. El papel del líder suele ser esencial. Las propiedades no están a su nombre sino al de sus adeptos, él no tiene nada que ver, siempre parece que queda al margen aunque finalmente es el que se beneficia con todo el asunto. Se podría accionar desde diferentes áreas, el área fiscal, de la salud, de la atención al menor. Debería haber una coordinación, como sucede en Francia, donde hay una misión interdepartamental de vigilancia de las sectas.

–Hay un mito sobre que sólo personas pobres o con poca formación educativa pueden ser víctimas de estos grupos.

– Es falso. Así como no hay ningún perfil único de quienes acaban entrando, la experiencia nos muestra que mayormente entra la persona joven, idealista, de buen corazón, con ganas de ayudar, que se mete en las tareas concienzudamente, que quiere mejorar las cosas y que tiene plata, porque a las sectas les interesan las personas productivas, trabajadoras. No les interesan los tullidos, los tarados, las personas conflictivas. Desde este prisma buscan alimentarse de aquellas personas porque eso traerá el dinero y hará que el grupo siga creciendo. Hoy la tendencia es hacia personas con estudios universitarios y con buenos puestos, porque así legitiman su discurso, y a instalarse en organismos públicos, parapetarse con académicos que den informes favorables y decir: nosotros no podemos ser una secta porque estamos con sociólogos, médicos, antropólogos, políticos.

–¿Cómo se llega a situaciones, como hemos conocido en algunos casos locales, en las que una madre entrega a su pequeño hijo para que se acueste con el líder?

–Son situaciones extremas. Se dan porque se ejerció un fuerte control sobre la personalidad de la mamá, que lo hace convencida de que está haciendo algo bueno para el nene. Las sectas dan vuelta todo, lo que es bueno resulta que es malo, y al revés. Hay una dinámica de perversidad entre el gurú y sus adeptos. Se busca parasitar, chupar, absorber, dej ar vacía a la otra persona, conquistar su mente, invadirla, reinterpretar su historia personal, poner todo patas arriba, y una vez conseguido esto la mamá puede entregar a su hijo con el convencimiento de que es lo mejor que puede hacer.

– Otro mito dice que esto sólo ocurre en grupos pequeños alternativos y no en las religiones grandes institucionalizadas.

–Falso completamente. No es una cuestión numérica. El sectarismo puede pasar en grupos muy reducidos o muy numerosos. Incluso las mismas sectas dicen, pero, hombre, ¡si somos millones de personas, cómo vamos a ser una secta! Pero no, las sectas no se identifican con grupos pequeños escondidos en la sierra en torno a un gurú. Es más, el prototipo clásico del gurú con barba y túnica blanca que espera un platillo volador está cada vez más en desuso; lo que hoy predomina son grandes presentaciones, escenografías preparadas, grandes hoteles, gente de corbata y traje. Así actúan hoy.