Colonia Dignidad: ¿por qué no se protegió a las víctimas?

Deutsche Welle, Victoria Dannemann, 28.11.2011

Una inexplicable cadena de omisiones habría permitido a la jerarquía de la secta cometer una serie de crímenes por 50 años. Así lo asegura un grupo de 150 víctimas que exige una millonaria reparación a Chile y Alemania.

El abogado Winfried Hempel nació y vivió hasta los 20 años en Colonia Dignidad. En este enclave alemán en el sur de Chile, hoy conocido como Villa Baviera, el enfermero Paul Schäfer lideró una secta que le permitió abusar de menores y cometer numerosos crímenes  por varias décadas.

Hempel, hoy de 34 años, salió en 1997 de Colonia Dignidad –gracias a las primeras reformas tras la fuga de Schäfer- y decidió convertirse en abogado. “Yo pude rehacer mi vida”, comenta. Hoy está en Alemania en un viaje de 40 días recorriendo distintas ciudades, con el fin de contactar a los más de 70 ex colonos que se trasladaron a este país. Junto con los que siguen en Chile, forman un grupo de unas 150 víctimas, de entre 35 y 80 años, que demandarán a estos estados en busca de una reparación económica por los daños sufridos.

Reconoce que la demanda por la vía judicial puede tomar algunos años, pero no descarta la posibilidad de que el Estado alemán reconozca a las víctimas con una ley de reparación, que se resuelve mucho más rápido.

En Bremen, Deutsche Welle conversó con Winfried Hempel sobre esta acción judicial.

¿Qué se busca con esta demanda?

Dado que estamos a punto de presenciar condenas a los principales inculpados de la jerarquía de Colonia Dignidad, lo que corresponde ahora es entregar una reparación a las víctimas que están en Villa Baviera, en otros lugares de Chile y también en Alemania. Esta es la primera acción civil, todas las anteriores son penales.

¿En qué se basan para pedir esta reparación?

En la teoría de los tres anillos. El colono estaba atrapado primero en el sistema perverso de Paul Schäfer y su séquito. El que lograra salvar ese anillo, enfrentaba un segundo anillo que es el chileno y los 400 kilómetros para llegar desde Parral a la Santiago, literalmente territorio enemigo para quienes viajaban sin papeles, sin dominar el idioma, sin dinero y en tiempos del gobierno militar, que colaboraba con Colonia Dignidad. Si lo encontraban lo mandaban de vuelta. El tercer anillo era la embajada alemana, donde si el fugado lograba llegar, lo devolvían a la Colonia.

¿Qué antecedentes tienen?

Estamos analizando toneladas de correspondencia diplomática y documentos de la Fiscalía de Bonn, y se puede ver que la embajada alemana en Chile, desde los años 60 estaba en perfecto conocimiento de lo que pasaba en Colonia Dignidad. Estamos revisando institución por institución: la Embajada, la Fiscalía de Bonn, la BKA (Bundeskriminalamt, policía federal criminal alemana) y cada uno de los funcionarios que tenían conocimiento de un hecho ilícito que se cometía contra un ciudadano alemán en el extranjero.

¿Cuál es su responsabilidad?

Cada vez que un empleado público estuvo en conocimiento de un hecho ilícito, tenía la obligación de denunciarlo. Nadie se explica cómo no hicieron nada. Tenían dos obligaciones: perseguir a los autores y resguardar a las víctimas. Nada justifica que no protegieran a las víctimas.

¿De qué acusan a los estados específicamente?

En el caso de Chile, hay faltas por acción y omisión y en el de Alemania, por omisiones. Sus autoridades tenían que haber despachado una orden de arresto contra Paul Schäfer, quien se fugó de Alemania en 1961 habiendo una denuncia por abuso sexual en su contra, y en cambio el Ministerio de la Infancia le dio una carta de recomendación para que instalara su organización en Chile. No sólo son casos de abuso sexual, también de esclavitud, medicación forzada, electroshock, trabajo infantil… Y si eso se extiende bajo las narices de la policía, de la Inspección del Trabajo, naturalmente que hay una obligación del estado.

En Chile el Estado llegó tarde, cuando el daño ya estaba hecho. En el caso de los 33 mineros atrapados, que igualmente tienen todo el derecho a demandar, el Estado llegó al día siguiente, pero en Colonia Dignidad demoró 50 años.

¿Estaba en manos de Alemania hacer algo?

Si el Estado alemán dice que no podía hacer nada, significa que hoy cualquier pedófilo puede llevarse a 300 personas a un pueblo en otro continente, quitarles su pasaporte, esclavizarlos y encerrarlos. Yo hago una analogía con la trata de blancas. A estas personas se las engañó, les quitaron los documentos, el dinero, no conocían el idioma y estaban encerrados en un lugar aislado.

¿Cuál es el fin de esta acción judicial?

Tiene un fin moralista, que se reconozca la culpabilidad por omisión del Estado alemán, y en segundo lugar, que se le dé una reparación a las víctimas por el daño que sufrieron. En Chile se va a seguir un proceso paralelo. El vínculo de responsabilidad del Estado chileno es mucho más directo, pero el Estado alemán, en vista a la historia que tiene, debiera tener mayores oídos y sensibilidad ante un drama cotidiano que está entre nosotros.

¿Cómo se fija la indemnización?

Para acreditar el daño hay que hacer una evaluación psicológica y física de cada ex colono. El monto va a depender del daño que sufrió cada víctima y por cuántos años. Queremos fijar una tabla razonable, pero creemos que un monto aproximado para cada uno es de un millón de euros, con el fin de que puedan rehacer sus vidas.

Las víctimas no pueden esperar

¿Cómo viven hoy estas personas en Alemania?

Hay distintos casos. Algunos salieron jóvenes y rehicieron su vida. Otros están en la mediana edad y no pueden pensionarse porque nunca recibieron ningún sueldo. Viven de la seguridad social, con lo mínimo. Algunos están físicamente completamente deshechos, a los 50 años no pueden moverse. Psicológicamente, la mayoría es gente traumada. Perciben la realidad en gran parte con el lente de su experiencia, en la paranoia absoluta, desde el aislamiento total a algunos que adhieren a grupos religiosos parecidos a Colonia Dignidad.

¿Cuál ha sido la reacción de las víctimas ante esta acción judicial?

Hay algunas personas muy indignadas por todo lo que ha pasado, que están muy agradecidas por esto y otra gente más reticente. No quieren ser expuestos.

Los actuales dirigentes de Villa Baviera no están de acuerdo con esta demanda ¿han adherido a ella algunos de los residentes?

Unos 30 ya firmaron el mandato para esta demanda, pero lo hicieron en completa reserva. Los que están dentro no dan su identidad porque los criticarían, tienen miedo a la sanción social en Villa Baviera.

¿Qué significa para usted encabezar esta acción?

Es un peso tremendo y una responsabilidad enorme. Es casi quijotesco. Yo consideré ésta, que es una gigantesca empresa, como la única posible para encontrar respuesta en un plazo razonable. Las víctimas no pueden esperar.

¿Cuándo presentarán la demanda en Alemania y cómo serán representados en este país?

Esperamos hacerlo dentro de los próximos meses. Estamos en conversaciones con una oficina de abogados de Berlín.