Autores del crimen son sentenciados a 5 años de cárcel

24 Horas (Chile), 6.03.2017

El Juzgado de Garantía de Quilpué entregó las sentencias para los siete condenados por el denominado ‘Caso de la secta de Colliguay’, en donde los implicados participaron en el asesinato de un lactante de dos días de vida por motivos religiosos a petición de Ramón Castillo, líder del grupo y más conocido como Antares de la Luz, en noviembre de 2012.

La justicia dictaminó que Natalia Guerra y Pablo Undurraga, autores de parricidio y homicidio calificado -respectivamente-, deberán cumplir la pena 5 años de presidio menor en su grado máximo, tal como lo había pedido la Fiscalía en la última jornada de juicio abreviado.

El dictamen agregó que tanto Guerra como Undurraga, cumplirán de forma efectiva la pena pese a la petición de la defensa de pedir una condena sustitutiva ante la carencia de antecedentes delictuales. Detallar que a ambos aludidos se les restará el tiempo que ya llevan cumplidos en prisión.

La jueza explicó que Natalia Guerra, madre del bebé sacrificado en 2012, “desnudó, ató y amordazó al lactante para lanzarlo vivo al fuego”, acciones que permitieron determinar la conciencia y voluntad de la misma en el crimen.

Por su parte, se confirmó que David Pastén, Karla Franchi, María Pilar Álvarez, Carolina Vargas y Josefina López deberán cumplir la pena de 3 años presidio mayor en su grado mínimo, similar a la solicitud del Ministerio Público.

En este caso, los aludidos podrán recibir el beneficio de la pena sustitutiva, por lo que podrán cumplir su sentencia en libertad vigilada. Además, no podrán salir del país.

El caso

Recordar que el delito por el que se acusó a las siete personas es el de asesinar a un bebé de sólo dos días de vida por motivos de una supuesta ‘salvación mundial’ que esto conllevaría.

Antares de la Luz lideraba la secta de Colliguay, agrupación que el 23 de noviembre de 2012 usó al lactante como sacrificio humano ante un posible fin del mundo.

Castillo fue el único que no alcanzó a enfrentar a la justicia por el crimen, puesto que tras ser perseguido por la policía se suicidó en Perú.

El aludido tenía pleno control sobre una cantidad de personas, a quienes les obtenía dividendos económicos, sexuales e incluso espirituales, puesto que era considerado un Dios para el resto.